18/10/2026
El viento me susurró
Una tarde de verano, mientras caminaba de prisa en medio de un candente sol que atravesaba sin permiso las microscópicas fibras de mi camisa blanca, bañada de ese líquido incómodo que llamamos sudor, mientras se deslizaban esporádicas gotas por diversas zonas que no quisiera expresar, aunque son difíciles de disimular en ese recorrido corporal.
Aunque el ruido ensordecedor de una ciudad que avanza entre los sonidos más básicos de la vida cotidiana, donde cualquiera pondría en intensivo su salud mental antes que acostumbrarse a ese ruido visceral que no te deja pensar, viviendo en automático porque así nos enseñaron que somos adultos sanos.
Entre pasos y pasos, mis pensamientos se volvieron en un solo objetivo; no era algo díscolo que me motivaba, era una cuestión de supervivencia. Aquella que se refleja en los momentos más sublimes y hasta de riesgo, en los que postrar las rodillas en señal de vencimiento no es lo que aprendí de los guerreros de la historia.
La visión borrosa y engañosa que mostraba personas y cosas que en su momento no eran ciertas o simplemente ya mi cerebro jugaba conmigo; una boca que representaba una duna cercada de blanco y una lengua agonizando encerrada en ella.
Sin avisar, un viento irrumpió en mi rostro salpicado en sudor, mientras sentía el susurro de su mensaje, al tiempo que una voz delicada, pero lejana, me decía: «Estoy aquí, estamos aquí, hazlo por ti y por mí».
Seguía escuchando que se repetía una y otra vez. El susurro continuaba rozando como ondas sonoras que golpeaban con gran celeridad, mientras miraba en todas direcciones, tratando de identificar de dónde llegaba la voz, aquella que me estremeció como canto de sirena y entre paso y paso nunca se encontró. Eso que el viento me susurró y, aunque sigo intentando encontrar esa voz, solo hago yo pensar que no es que estaba loco, es solo un recuerdo de que ese día pasó, que el viento me susurró...
Autor: Moisés Balbuena V.