23/04/2021
Sucesos externos, como el vivido en 2020 y 2021 a raíz de la pandemia obligan a los equipos de dirección empresarial a diseñar propuestas estratégicas que contribuyan a reducir el riesgo de paralización. Relegarse a no innovar y mostrar una cultura con una actitud reacia a un proceso de cambio durante la realidad que se vive es un error para las actividades operativas de cualquier organización.
En 2021 según la revista Líderes, América Latina invierte un promedio del 0,8% de su PIB en actividades relacionadas a la Investigación y Desarrollo (I+D), mientras que EEUU invierte un 2,8%, la Unión Europea el 2,5% y China el 2,2% (Revista Líderes, 2021). La I+D, no depende únicamente de los recursos propios, sino el rol del gobierno como agente capaz de generar incentivos para propiciar innovación es muy importante.
En el Ecuador los incentivos para I+D son reducidos, la tasa de productividad no se cuantifica, las cargas tributarias son cambiantes, los vínculos con Universidades con empresas privadas es limitado, la inversión en I+D con capital privado es reducido, el valor del capital humano formado se subestima, el acceso a financiamiento es complejo, y la apertura comercial aún no se desarrolla (Amaya, 2019; Barragán Béjar, 2014; Gronneberg, 2019).
El rol del empresario del país debe cambiar y se debe reflexionar en diseñar estrategias competitivas enraizadas en la innovación, generación de alianzas vincular a capital humano productivo de universidades propiciando proyectos e invertir en procesos formativos de I+D (incluida la asesoría externa) son algunas ideas del camino a seguir para el anhelado desarrollo económico.