20/04/2020
¿Cómo preparar a los niños para asistir al tanatorio y/o funeral?
La preparación de un niño para asistir al tanatorio o a un funeral debe componerse de cinco pasos fundamentales:
1.Comunicación de la muerte
No espere demasiado en darle a su hijo/a la noticia del fallecimiento: en la actualidad la información de un fallecimiento se difunde con una inmediatez asombrosa, debido al uso de las redes sociales y los teléfonos móviles. Por comprensible que sea que Usted necesite unos momentos para asimilar la noticia y prepararse para transmitirla a sus hijos con serenidad y en la debida forma, piense que con cada 5 minutos que pasan aumenta la probabilidad de que el niño oiga de la muerte de su familiar por comentarios telefónicos o por el bienintencionado pésame de una vecina, que llega a destiempo, antes de que hayan hablado con él.
Aquí puede consultar una guía de cómo comunicar la muerte de un ser querido a los niños de distintas edades.
2.Procesamiento de la noticia
Reaccione como reaccione, el niño al que acaban de comunicar la muerte de alguien cercano necesita un tiempo para asimilar y procesar lo que le acaban de decir. Puede ser que quiera jugar, para olvidar lo que ha oído, puede que necesite dibujar, hablar, preguntar o … llorar.
Es importante que como adultos que hacemos la comunicación dispongamos de cierto tiempo y de un poco de tranquilidad para estar disponibles.
3.Decisión sobre el tanatorio y/o funeral
Habitualmente, cuando en una familia ocurre una muerte, se produce una incertidumbre inicial, más o menos aguda y dolorosa en función de si la muerte ha sido anunciada o inesperada.
Tras estos momentos de shock y de duda, hay que solventar una serie de trámites y se comienzan a preparar los rituales funerarios. Los adultos de la familia suelen estar muy atareados (llamadas, gestiones, visitas…) Por ello, es importante que durante este periodo de transición, entre el impacto de la noticia de la muerte y la despedida más social de nuestro ser querido, también pensemos en los niños quienes necesitan cierta normalidad como poder jugar, ir a ver a sus vecinos o cualquier otra actividad que les conecte con su vida anterior a la pérdida.
No obstante, a partir de los 4 ó 5 años los niños no querrán separarse de sus padres y otros adultos importantes. Una forma muy buena de conciliar ambas realidades es dejar a los niños en casa, aunque sea al cuidado de un familiar cercano, e informarles de qué estamos haciendo y cuándo vamos a volver. Proceder así les da mucha seguridad: están en su casa y la vida continua. Por poco que sea posible será importante que al menos uno de los progenitores esté presente a la hora de los baños y la cena. Para los niños, que temen poder perder a otro de sus cuidadores, romper lo menos posible con sus rutinas es altamente tranquilizador.
Cuando ya se sepan los horarios del tanatorio y del funeral, y en la tranquilidad del hogar, le explicaremos al niño todo lo que necesita saber para elegir si quiere asistir al tanatorio, al funeral, a ambos o a ninguno de esos rituales.
4.Asistencia a los rituales de despedida o actividad sustitutoria
Tenemos tres posibles escenarios:
1) Nuestro hijo ha elegido ir:
Para los niños menores de 8 años es más comprensible despedirse en el tanatorio y llevar un dibujo o un juguete como muestra de cariño y respeto. Algunos niños elegirán no ver a la persona difunta. Otros querrán verla, cosa que deberíamos permitir explicando bien lo que van a ver: la abuela parece dormida, pero no está dormida. Su cuerpo ya no funcionaba bien y ahora vamos a decirle adiós.
Elegiremos un momento de intimidad en el tanatorio: a los niños no les afecta ver a un adulto llorar, pero sí les asustan las muestras muy expresivas de dolor como los gritos y las estridencias.
Acompañaremos al niño en todo momento, responderemos a sus preguntas, estaremos atentos a todo lo que expresa y captaremos cuándo ha llegado el momento de marchar. Habitualmente los niños no desean permanecer mucho tiempo en el tanatorio, porque ya hemos dicho adiós.
Los niños mayores de 8 años suelen elegir asistir al tanatorio y al funeral. Les advertiremos que en el funeral hay mucha gente, que son todos los que querían mucho a la persona fallecida y todos sus amigos.
También a esta edad acompañaremos al niño, responderemos a sus preguntas y captaremos las señales, dándole la oportunidad, si quiere, de contactar con otros iguales o con personas a las que le apetezca saludar.
2) Nuestro hijo ha elegido no ir:
No sólo respetaremos su decisión, sino que pondremos especial cuidado en que ningún familiar le haga sentir mal por no querer asistir al tanatorio o al funeral.
Pasados unos días, por si su negativa tuviera un punto de negación de la realidad de la pérdida, le acompañaremos al cementerio o al lugar dónde estén las cenizas de nuestro familiar fallecido. Le explicaremos que podemos recordarlo en cualquier sitio, acordándonos de cosas que hemos hecho con él/ella o viendo fotos. Pero que a veces también vamos a su tumba a llevarle flores o un dibujo y recordarle mostrando nuestro cariño en el sitio en el que su cuerpo que ya no funcionaba.
3) Tenemos varios hijos: unos quieren ir, otros no:
Conceptualmente, la solución es simple: el niño que quiere ir, va; el que no, no. Esto a veces presenta algunas dificultades de organización, pero es importante respetar la voluntad de cada uno de ellos.
Pasados unos días, procederemos como en el caso anterior: iremos con todos al cementerio o al lugar dónde se han esparcido las cenizas para presentar nuestros respetos.
5.Retorno a la rutina cotidiana y tareas del duelo
El funeral marca el final del periodo de excepción que comenzó con la noticia de la muerte de nuestro familiar y el retorno a la vida cotidiana. Ese momento suele ser doloroso, porque se vuelve a la normalidad, sí, pero sin la persona que ha fallecido. Muchas cosas, muchos lugares, algunas fechas nos recuerdan su ausencia. A este proceso de aceptación de la pérdida se le denominaba antes proceso de duelo, concepto que se ha ido sustituyendo por el de tareas del duelo, indicando una serie de acciones concretas que hay que ir resolviendo.
Describir esas tareas excede el marco de este artículo, pero es importante entender que los niños necesitan hacer las mismas tareas de aceptación por la ausencia de su ser querido que nosotros, los adultos, aunque a un ritmo más rápido.