23/04/2026
Amar la moda sin ser víctima de su superficialidad:
Confieso que mi actividad favorita no es ir de compras.
Tampoco muero por tener una cartera de lujo, o un clóset desbordado de ropa.
No me preocupa ser la más “cool” ni la más “fashionista”.
No me inquieta asistir a eventos, ni aspiro a estar en la primera fila de los desfiles más aclamados.
Nunca he sentido que no pertenezco a esta industria por no vestir "grandes marcas".
Me gusta la moda, sí.
Elegí ser su obrera porque, percibí en ella, un universo rebosante de belleza.
Y la belleza me deslumbra porque, para mí, va atada a estar bien y sentirse bien.
Por eso, he procurado pensar la moda como una especie de artilugio facilitador de bienestar.
Me agrada aterrizarla, despojarla de sus ideas más superfluas.
Porque está ahí: en la luminosa y sobrecogedora sensación de vestir un atuendo especial para celebrar la vida.
En ponerle vestido a los momentos memorables, esos que habitarán en nuestra memoria hasta el ocaso de nuestra existencia.
Y soy plena sabiendo que lo que predico y practico contribuye a que la moda sea un poco más humana, más afable, más sencillamente disfrutable.
Es ahí cuando siento que, ser su obrera, vale toda la alegría y toda la pena.