13/05/2022
Como dijo Aristóteles: "La excelencia moral es el resultado del hábito". Es un camino que no tiene fin. Es constancia. Va de dar coherencia, sentido, de sistematizar, estandarizar y trabajar por y para ser mejores cada día. La excelencia es una virtud, es inherente a la calidad y al valor.
Sin embargo, a menudo estamos tan ocupados / agobiados sacando adelante el trabajo del día a día que olvidamos que de vez en cuando hay que pararse a ver cómo estamos haciendo las cosas. ¿Cuáles son nuestros estándares, nuestros objetivos? ¿Somos de verdad rentables? ¿Qué experiencia ofrecemos a nuestros clientes? ¿Cómo podemos ahorrar costes? ¿Y atraer nuevos clientes para impulsar las ventas?
Aquí va una pregunta interesante: ¿Pondrían a su prima a atender mesas o a su cuñado a elaborar fondos? (Spoiler alert! No lo hagan: va a salir mal). Sin embargo, no parece tan loco delegar la administración de su negocio a su gestoría o dejar la comunicación online en manos de su novia o su sobrino... ¿verdad?
No se trata de "hacer cosas", se trata de hacer las cosas bien, con cabeza, entendiendo el propósito, con la formación y experiencia adecuadas.
Y claro que es importante hablar con los clientes, con sus equipos, comentar inquietudes e ideas con familiares y amigos. ¡Rodéense de personas que les aporten, que les ayuden a crecer y les inspiren para ser mejores! PERO no deleguen responsabilidades que afecten a la viabilidad o la reputación de su negocio en manos de cualquiera. Puede salir caro.