10/06/2026
El corzo de la tormenta🌧️
Esta es la historia de un corzo que se hizo esperar.
Lo vi un día antes de que me tocase el precinto. Lo estuve mirando un buen rato con los prismáticos, tranquilo, intentando memorizarlo bien por si más adelante había suerte. Pero desde aquel día desapareció. No volví a saber nada de él y llegué a pensar que ya lo habrían abatido, porque en mi pueblo el precinto dura 15 días y se comparte con más gente. También era una zona muy escondida, de esas a las que solo se llega andando, así que no sabía si lo habían cazado, si había cambiado de querencia o si, simplemente, con tanta comida dentro del monte, ya no necesitaba salir.
Cuando por fin tuve el precinto en la mano decidí intentarlo de verdad. Fueron 13 atardeceres y 6 amaneceres detrás de él, sin verlo ni una sola vez. Los ánimos ya empezaban a flojear. En todo ese tiempo solo había visto una corza, a la que fui siguiendo hasta verla finalmente con su corcino.
Y fue en el séptimo madrugón cuando todo cambió. La noche anterior había caído una buena tormenta y aquella mañana estaba fresca, húmeda, de esas en las que el campo huele diferente. Quizá por eso decidió salir. Allí apareció, justo donde lo había visto el primer día, junto a la corza y el corcino.
Lo reconocí enseguida. Con los nervios en el cuerpo puse el rifle en el trípode, lo juzgué con calma y supe que era él. A 200 metros, con un tiro seguro, apreté el gatillo. Eran las 07:34 cuando cayó aquel corzo que tanto me había hecho andar y madrugar.
Un corzo luchado, de los que se recuerdan. Cumplido, gestionado y aprovechado como merece.
Porque cuando el campo te lo pone difícil, cuando respetas los tiempos y cuando las cosas salen después de insistir, todo sabe mucho mejor.
Gracias al campo.