28/08/2026
A veces pienso en todo lo que existe. Millones de galaxias, estrellas, planetas, millones de personas… y nosotros aquí, tu y yo.
No sé si estamos aquí por casualidad, por destino, por Dios, por el universo o por una increíble combinación de circunstancias. Pero sí creo que, ya que estamos aquí, no hemos venido a pasar de puntillas por la vida.
Hemos venido a vivir, a equivocarnos, a aprender, a luchar por lo que queremos y a descubrir hasta dónde somos capaces de llegar. Y hay algo de la psicología que me parece muy importante: Albert Bandura hablaba de la autoeficacia, quw ya os la he presentado más de una vez, y es una creencia que tenemos en nuestra propia capacidad para conseguir algo.
Porque muchas veces no actuamos según lo que realmente podemos hacer, sino según lo que creemos que podemos hacer, y aquí es donde viene el problema.
Cuando piensas “no voy a poder”, empiezas a comportarte como si fuera verdad. Abandonas antes, ves los obstáculos como señales de que no sirves y cualquier fracaso confirma esa idea de que no puedes.
Pero cuando piensas “no sé todavía cómo hacerlo, pero voy a intentarlo”, lo cambia todo. Realmente eso no significa creer que todo va a salir bien. Significa confiar en que si algo sale mal, podrás levantarte, aprender y volver a intentarlo.
Por eso no rendirse no significa no cansarse, no tener miedo o no llorar. Significa poder decir: “Esto está siendo difícil, pero todavía no he terminado.”
A veces necesitamos confiar antes de tener pruebas. Porque si esperamos a tener la certeza de que vamos a conseguirlo para empezar a creer, quizá nunca nos atrevamos.
Hoy quiero recordar algo, también para mí:
una mala etapa no es una vida entera.
Un fracaso no es una persona.
Una opinión no es una sentencia.
Y un obstáculo no significa que tengas que abandonar.
No sé qué nos tiene preparado la vida. Pero sí sé que no quiero pasar por ella de puntillas (me niego). Quiero intentarlo. Quiero luchar por aquello en lo que creo. Y cuando aparezca esa voz que diga “no vas a poder”, quiero aprender a contestarle:
“No lo sé. Pero no me voy a rendir.” Porque mientras sigamos intentándolo, la historia todavía no ha terminado.