Psicóloga Lola Alcázar

Psicóloga Lola Alcázar Psicóloga Sanitaria Colegiada AN.06627
Titulada en Psicología Positiva y Autoestima Atención psicológica a adultos y niños.

Directora y Psicóloga de CLUB PIERDO PESO

18/06/2026

Hace un tiempo alguien me preguntó:

—Lola, después de escuchar cada día el dolor de tantas personas, de acompañar a seis pacientes y sostener además un grupo, ¿tú no vas al psicólogo?

Y entendí perfectamente por qué me lo preguntaba.

Porque quienes trabajamos escuchando almas sabemos que no solo oímos historias. Recibimos miedos, pérdidas, culpas, heridas, soledades. Somos testigos de lágrimas que nadie más ve y de batallas que muchos libran en silencio. Y aunque es un privilegio inmenso acompañar a otros, también deja huella. Bueno, yo también reconozco que tengo mi puntacito dado… ¿Quién no?

Muy poca gente lo sabe, pero mi terapia es la música.

La música me ha salvado más veces de las que puedo contar. Ha estado ahí en mis días más oscuros, cuando no tenía respuestas, cuando me faltaban fuerzas o cuando el mundo pesaba demasiado. Hay canciones que me entienden sin hacer preguntas. Que me abrazan sin tocarme. Que consiguen iluminar rincones de mí que creía apagados y que me levantan como torre reconstruida por muy alta que fuera…

Si soy sincera, hay algo igual de poderoso que la música. Porque la vida puede ponerse muy fea, puede romper todos tus planes, llenarte el corazón de incertidumbre y hacerte sentir que no puedes más. Sin embargo, cuando llegas a casa y alguien te abraza de verdad, cuando unos brazos te rodean y una persona te hace sentir refugio, algo cambia por dentro. No desaparece todo lo que hoy te han contado, pero deja de doler de la misma manera.

Y entonces pongo música, subo el volumen y cierro los ojos. Por unos minutos todo encaja.

Este momento siempre me recuerda que la felicidad no siempre está en una vida perfecta. A veces está en una canción que te eriza la piel, en un beso inesperado, en un abrazo que te sostiene cuando te caes y en la certeza de que, pase lo que pase, te quedan muchas razones para seguir adelante.

Y qué suerte la mía, que cuando siento que me estoy rompiendo, la música siempre sabe cómo volver a juntar mis pedazos y recurrir a esa persona que quiere bailar conmigo.

Feliz jueves imperfecto.

16/06/2026
Hace unos días, mientras esperaba a que diera la hora para recoger a mi hijo en el cole, vi una escena que me hizo pensa...
16/06/2026

Hace unos días, mientras esperaba a que diera la hora para recoger a mi hijo en el cole, vi una escena que me hizo pensar.

Una niña de unos cinco años había encontrado una pluma en el suelo. Nada extraordinario. No era un juguete nuevo ni nada valioso. Era simplemente una pluma blanca, probablemente de alguna paloma que rondaba por allí.

Lo primero que pensé es que alguna madre le habría dicho: «Tira eso, que te va a entrar una bacteria en el ojo, hongos en las uñas o la sarna en la mano», pero la niña tuvo la suerte de que la única persona que la estaba mirando era yo.

En su cara parecía que había encontrado un tesoro. La levantó con cuidado, la miró a contraluz y corría con ella en la mano y el brazo en alto como alma que lleva el diablo. Durante varios minutos fue completamente feliz. No necesitó nada más. Su alegría cabía en la palma de su mano.

Mientras la miraba pensé en lo mucho que los adultos nos complicamos la felicidad. ¡Qué pena perder la mirada con la que un niño mira la vida!

Ayer le dije a una paciente:

“La felicidad nunca llega haciendo mucho ruido”. Y la apuntó.

Y es verdad. Casi siempre aparece de forma discreta: en una conversación tranquila, en el olor del café por la mañana, en una llamada inesperada, en una tarde sin prisas o en la risa de alguien a quien queremos.

La niña de la pluma me recordó algo que ya sabía: la capacidad de disfrutar no depende tanto de lo que tenemos como de la atención que prestamos a las pequeñas cosas.

Tal vez la felicidad no está escondida. Está ahí, esperándonos en una pluma caída en la calle mientras nosotros seguimos buscándola en lugares mucho más complicados.

Sé que mucha gente coge una pluma cuando la ve en el suelo porque le recuerda que un ser querido está cerca (una vez una paciente me trajo una caja llena), pero desde ayer, cada vez que yo vea una pluma en el suelo la cogeré porque me recordará que tengo la capacidad de ser plenamente feliz con la simpleza, con lo sencillo.

Hoy, si te cruzas con una pluma en el suelo, hazle una foto. No importa si es grande o pequeña, blanca, gris o negra. Mírala como la miró aquella niña: como si fuera un pequeño tesoro.

Y si encuentras una, enséñamela.

Hay días en los que la vida, sin pedir permiso, te roza el alma y te recuerda lo cerca que caminan la fragilidad y el mi...
10/06/2026

Hay días en los que la vida, sin pedir permiso, te roza el alma y te recuerda lo cerca que caminan la fragilidad y el milagro.

Ayer fue uno de esos días. Un instante apenas. Un cruce de segundos. El ruido del metal, el miedo suspendido en el aire y esa pregunta muda que nadie quiere formular. Y entonces, cuando todo se detiene, comprendes que lo único verdaderamente importante no son los planes, ni las prisas, ni las preocupaciones que llenaban tu cabeza unas horas ante, un segundo antes de ese impacto.

Es la vida.

La vida respirando.

La vida regresando a casa.

La vida abrazándote cuando podría haber sido de otra manera.

A veces creemos que tenemos tiempo para todo, que habrá otro día para decir “te quiero”, para celebrar, para agradecer. Y entonces llega uno de esos momentos que te abren los ojos de golpe y te enseñan que nada nos pertenece, salvo el instante que estamos viviendo.

Quizá por eso, después de ese desborde de tensión y miedo, todo brilló de una forma distinta.

La ilusión, la emoción del fútbol, la posibilidad de seguir soñando, las miradas compartidas, las sonrisas que nacían desde un lugar más profundo. Y terminamos celebrando.

No celebrábamos un resultado, ni siquiera un sueño. Celebramos algo mucho más grande, que estábamos allí, que seguíamos juntos.

Porque cuando la vida te deja asomarte por un instante al borde de lo que pudo haber sido, vuelves a lo esencial y descubres que la felicidad no siempre está en las grandes conquistas, sino que está simplemente en una mesa compartida, en la voz de quienes amas, en el regreso a casa, en el privilegio inmenso y silencioso de seguir teniendo un mañana como la de hoy, las prisas para el colegio y es cuando entonces, desde lo más hondo, solo queda dar las gracias a la VIDA.

Sí!
08/06/2026

Sí!

Cada persona lleva una lucha. ¡NADIE PUEDE JUZGARLA!
07/06/2026

Cada persona lleva una lucha. ¡NADIE PUEDE JUZGARLA!

Acostúmbrate a tener lo mejor. Tú trabajas para eso; deja que tus resultados estén a la altura de tus esfuerzos.
06/06/2026

Acostúmbrate a tener lo mejor. Tú trabajas para eso; deja que tus resultados estén a la altura de tus esfuerzos.

Yo recuerdo que cuando era niña nadie apostaba por mí especialmente. Nadie me señalaba como la que llegaría lejos. Nadie...
31/05/2026

Yo recuerdo que cuando era niña nadie apostaba por mí especialmente. Nadie me señalaba como la que llegaría lejos. Nadie hablaba de mi futuro con admiración. Nadie me tomó de la mano para mostrarme el camino.

Pero tampoco lo necesitaba.

Porque mientras los demás estaban ocupados sobreviviendo, lidiando con su propio duelo y sus propias luchas, yo aprendía algo que me acompañaría toda la vida: a confiar en mí.

Nadie me regaló oportunidades. Nadie me abrió puertas. Ningún apellido me precedía cuando entraba en ningún lugar. Todo lo que he conseguido ha nacido de la insistencia, del trabajo y de una fe casi obstinada en que merecía una vida más grande que las circunstancias que me rodeaban.

Hubo veces en las que dudé. Hubo noches en las que me sentí sola. Hubo momentos en los que parecía que avanzar costaba el doble para mí que para otros. Pero nunca dejé que eso definiera quién era.

Porque cuando creces sin que nadie apueste por ti, aprendes a encontrar dentro de ti la fuerza que otros buscan afuera.

Aprendes a seguir sin reconocimiento. A trabajar sin aplausos. A levantarte sin que nadie venga a rescatarte.

Y un día miras atrás y entiendes algo importante: no llegaste hasta aquí a pesar de tu historia. Llegaste hasta aquí también gracias a ella.

Gracias a cada puerta cerrada que te obligó a buscar otra entrada. Gracias a cada vez que te subestimaron. Gracias a cada ocasión en la que tuviste que demostrarte a ti misma que eras capaz.

Hoy no necesito preguntarme quién creyó en mí al principio.

La persona que más importaba sí lo hizo.

Yo.

Camina con el pie roto y no dejes huella de tu mano sobre el hombro de nadie…Y no te estoy hablando de pies, dejes huell...
31/05/2026

Camina con el pie roto y no dejes huella de tu mano sobre el hombro de nadie…

Y no te estoy hablando de pies, dejes huellas ni de hombros.

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