04/09/2020
SE QUEMAN LOS CAMPOS PORQUE UN BORREGO VALE CINCUENTA EUROS
Se queman los campos porque un borrego vale cincuenta euros, una docena de huevos de gallinas que andan picoteando por el campo vale dos euros y un kilo de tomates del tiempo criados en la huerta a base de sol y agua vale un euro.
Se queman los campos porque la televisión le dedica dos minutos a la tragedia de diez mil hectáreas calcinadas y de los dos minutos uno es para que una política incompetente se lleve uno, mientras al destino de Messi le dedican cinco minutos.
Se queman los campos porque desaprendimos lo aprendido y le dimos la espalda a lo natural. Te prohíben coger un manojo de poleo o limpiar un regajo de zarzas, pero con papeles te permiten arrasar encinares y lo que se ponga por delante.
Se queman los campos porque favorecieron lo intensivo y asfixiaron a los últimos que trabajaban los campos de manera tradicional.
Incendios hubo siempre. Recuerdo de niño cuando las campanas de la torre repicaban a fuego. Los niños se guardaban los bolinches o el pompo y corrían a casa, las puertas de las casas se cerraban con cerrojo y tranca, y los que tenían el pico caliente en las tabernas seguían bebiendo en el interior, con la puerta cerrada; toda la gente se escondía porque todos ellos podían ser retenes improvisados junto a la guardia civil. Aviones, pues no había. ¿Y que se quemaba? Pues nada, un par de cercados de rastrojos.
Se dejarán de quemar los campos cuando nos demos cuenta de que somos parte de la naturaleza y a ella tenemos que someternos; cuando dejemos de pensar que somos dioses y creadores de ella misma, y sepamos adaptarnos al medio en lugar de intentar doblegarlo; se dejarán de quemar los campos cuando respetemos la más frágil brizna de hierba o al más insignificante animalillo.
Se dejarán de quemar los campos cuando un borrego no cueste cincuenta cochinos euros.