04/09/2026
Elegía a Luis Calleja
Han tenido que pasar muchos meses para que hiciera acopio del valor necesario para enfrentarme a tu marcha. Son tantos los recuerdos, tantas las vivencias que surgen a borbotones del pozo de mi memoria, y que estoy llenando con mi llanto, que no sé por dónde empezar.
Luis apareció en mi vida allá por 1991. No sé por qué me eligió, pero espero haber sido digno de ese honor. Fue para empezar con Canal Plus analógico, tan analógico como siempre fue Luis, pues siempre estuvo entre el cero y el uno, con sus infinitas posibilidades, él podía ver pasar los electrones por la rejilla buscando el ánodo en las válvulas de vacío de las radios y televisores. Hoy eso es el Atapuerca de la tecnología, en la que damos tantas cosas por supuestas, pero que tiene su pasado, su origen. También lo tuvo este hombre sin niñez, al que le arrebataron a su padre por defenderse de un ladrón, en una época en la que los niños de hoy no abandonan ese espacio de protección hasta pasados los 20 años.
Este Luis, que se crió con su abuela en el valle del Jerte, del que siempre recordaba sus higos “cuello de dama”,, algo que le llevó a ser un maestro en las mejores tiendas de dulces de toda España.
Ante todo, fue un pionero y un maestro de la tecnología: sus comienzos fueron en la televisión en blanco y negro, con pocas horas de emisión al día, lo que le llevaba a hacer juegos malabares para coordinar las reparaciones en los hogares hasta que aparecía «la carta de ajuste». Así, hasta llegar a ser el primero en crear una red SAT, primero para televisores y después para comunicaciones por satélite. Siempre poniéndose, como él decía, «la gorra del cliente», para saber ver las cosas desde su lado. Entrar en el hogar de un cliente era algo que merecía mucho cuidado; eso me enseñó, y también nos mostró siempre el lado oscuro del comercio, el que nadie quería ver: el de la posventa. Como nos decía, cuando vendes todo el mundo está contento y hasta te dan una propina al instalar el televisor o la antena, pero cuando algo falla —y todo falla alguna vez— el cliente muestra otra cara, tiene otras prisas y todo cambia. Ahí nos formó para saber parar, templar y mandar, como en el toreo, porque para reparar hay que saber más que para instalar, y la recompensa, tanto de la empresa como del cliente, es mucho menor. De ahí su espíritu de sacrificio, que tanto nos inculcó.
Siguió con la red nacional de Canal Plus, Canal Satélite analógico y digital, y luego Quiero TV, siempre en la sombra comercial de los come-marrones, donde los méritos no florecen, pues la política de las empresas se basa en las ventas, no en la posventa.
Y luego, tras un desencuentro comercial en Valencia, tuve el privilegio de que viniera a trabajar con nosotros en Gesico2000, siendo también pionero en Internet por satélite, algo que también parecía una locura en sus comienzos, pero eso no le asustaba, más aún, le motivaba, y nos motivaba a nosotros. Tanto es así que formamos a más de 900 personas en toda España, y luego yo seguí en Marruecos y en Guinea Ecuatorial, etc. En aquellas épocas, decir «Luis Calleja» era una garantía: seguro que te abrían las puertas en cualquier empresa instaladora de este país.
Fueron más de 1000 las primeras instalaciones que hicimos juntos por toda España, con proyectos muy interesantes, como llevar Internet a las escuelas rurales, desarrollado por la Unión Europea y Eutelsat., que hizo que nos recibieran con los brazos abiertos en tantas aldeas. Incluso nos hicieron un vídeo en gallego dando las gracias; fue emocionante.
[https://youtube.com/watch?v=9v8eD9OBka8&si=keOD3gBqj2Qif04g]
Y en estos viajes pudimos compartir tanto que es imposible resumirlo: miles y miles de kilómetros, trabajando duramente, un bocadillo, un café con hielo y vuelta a seguir camino a casa. Sobre todo él, que tenía a su familia siempre en su mente, todo era para ellos, y para su amada Carmen, que siempre se quedaba al cuidado de los chicos —y ya no tan chicos— en casa, algo que le hacía sentir un poco culpable por sus ausencias.
Durante estos viajes compartimos muchos duelos y alegrías, desde la separación de mi hija y el duro divorcio que tuve, con largos y duros momentos de dolor. Él siempre estaba ahí, con ánimo, consuelo y un buen consejo para seguir adelante, siempre dando y dándose sin medida.
Luego vino la era fotovoltaica, que nos permitió ver cómo se desarrollaban y crecían todos los parques en España y en otros países. Fueron tantos los viajes, la burocracia, los PRL, etc., pero también tanto lo que aprendimos. Recuerdo el túnel del AVE en Asturias, donde se controlaba la tuneladora desde nuestro equipo, por satélite y GPS diferencial, desde Estados Unidos, y eso nos hacía sentir siempre que formábamos parte de algo mucho más grande.
Hoy, mientras me levantaba a las 4:00 de la mañana para meditar, una estrella fugaz cruzó el cielo por Draco, recordándome la insoportable levedad del ser. Y tú, querido Luis, como esa estrella fugaz, has pasado por nuestras vidas dejando un rastro efímero, pero imborrable en muchos de nosotros.
Gracias por haber existido para nosotros. Que sigas siendo una luz en la oscuridad, donde quiera que estés.
https://youtu.be/nKmKKdxP1EU?si=D9cDybmy0lX-BPkQ
Agradecimiento de las Escuela de Bamonde por tener Internet por sat...