08/09/2026
¿Nos estamos convirtiendo en sociedad porque nuestro negocio lo necesita… o porque fiscalmente nos empujan a hacerlo?
UPTA ha abierto un debate interesante al reclamar una fiscalidad más equilibrada entre los autónomos que desarrollan su actividad como persona física y quienes lo hacen a través de una sociedad mercantil.
Y los datos llaman la atención: más de 1,13 millones de autónomos están ya vinculados a sociedades.
Pero hay algo que conviene dejar claro.
Comparar simplemente el tipo del IRPF de un autónomo con el tipo del Impuesto sobre Sociedades puede llevar a conclusiones equivocadas.
Una sociedad no significa automáticamente “pagar menos impuestos”.
Hay que analizar, entre otras cuestiones:
• El beneficio real del negocio.
• Cuánto dinero necesita retirar el socio para vivir.
• Cómo se retribuye al administrador o socio.
• Si los beneficios se reinvierten o se distribuyen.
• Las obligaciones contables y mercantiles adicionales.
• La responsabilidad y los riesgos de la actividad.
• Los planes de crecimiento, contratación o incorporación de socios.
Por eso, la pregunta correcta no debería ser:
“¿A partir de cuánto me interesa montar una SL?”
Sino:
“¿Cuál es la estructura jurídica y fiscal más adecuada para el negocio que estoy construyendo?”
La fiscalidad importa, por supuesto. Pero una empresa no debería escoger su forma jurídica únicamente para perseguir un determinado tipo impositivo.
La planificación fiscal empieza precisamente ahí: analizando el negocio antes de tomar la decisión.
En Gestoría Lloret ayudamos a autónomos y empresas a revisar su estructura fiscal y societaria para que evolucione al mismo ritmo que su actividad.
¿Creéis que actualmente existe una diferencia fiscal excesiva entre desarrollar una actividad como autónomo persona física o hacerlo mediante una sociedad?