21/06/2022
[📝 ARTÍCULO] Libertad
Asisto desde hace tiempo a algunos foros donde se plantean nuevas formas de hacer las cosas, nuevos modos de trabajar, visiones diferentes de las organizaciones, del trabajo, de las relaciones personales y laborales, recetas mágicas de nuevo cuño, viejas ideas vestidas de nuevo, conceptos y conceptualizaciones sorprendentes y atractivas, estilos de liderazgo diversos, etc., etc.
En cualquier caso, como ya me habréis oído/leído, ideas, teorías, descripciones, todas respetables para mí sí,… aunque me asalta una preocupación que tal vez ya haya traslucido en algunos de los post que llevo publicando este tiempo y que me viene a la mente casi en cada uno de los encuentros en los que participo de un modo u otro.
Incluso en temas relacionados con el Coaching, que, como sabréis ya, busca un desarrollo integral de la persona y de sus relaciones, asisto a veces atónito a una suerte de teorías, metodologías, plannings o proyectos en los que se pone encima de la mesa un cambio, una nueva visión, un nuevo planteamiento, un nuevo estilo,… que me asustan un poco,… os cuento:
La pregunta que casi siempre me viene a la cabeza es ¿Y si el sujeto de la intervención no quiere “ser intervenido”?, ¿Y si estamos diciendo a las personas lo que es bueno para ellas sin tener en cuenta lo que ellas sienten y piensan?, ¿No estaremos dando “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, en una nueva variedad de Despotismo Ilustrado del siglo XXI?
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Asisto desde hace tiempo a algunos foros donde se plantean nuevas formas de hacer las cosas, nuevos modos de trabajar, visiones diferentes de las organizaciones, del trabajo, de las relaciones personales y laborales, recetas mágicas de nuevo cuño, viejas ideas vestidas de nuevo, conceptos y concep...