03/09/2026
Aquí no decidimos nosotros. Decide el vino.
Estamos embotellando el espumoso Aquelarre.
Él decide cuándo llega el momento. Si nos retrasamos, se queda como vino tranquilo. Si nos adelantamos, las botellas explotan.
Todo se hace a mano, en uno de esos momentos en los que el tiempo parece detenerse y el vino no acabarse nunca.
A veces acaba con la paciencia. Otras, entre sonrisas y buenos momentos. Lo que siempre ocurre es que al final del dia terminamos cansados, pero el resultado merece la pena.
Esto es AQUELARRE