23/08/2026
Cuando eres extranjero en un país, hay algo de lo que no se habla tanto: la pérdida de identidad que a veces acompaña al proceso migratorio.
Llega un momento en el que te preguntas:
¿De dónde soy realmente?
¿Del lugar donde nací? ¿Donde crecí? ¿De donde viene mi familia? ¿O del país en el que ahora estoy construyendo mi vida?
Intentas integrarte, conocer personas del país que te acoge, aprender sus costumbres, adaptarte… pero a veces sientes que, por mucho cariño que le tengas a ese lugar, todavía no terminas de sentirte completamente parte.
Y entonces aparecen tus paisanos. Escuchas tu acento, tus expresiones, tus chistes, hablas de la comida de tu tierra… y por un momento sientes: “aquí pertenezco”. ❤️
Pero con el tiempo también entiendes algo precioso: quizá emigrar no se trata de elegir entre un lugar u otro.
Se trata de construir una nueva versión de ti con pedacitos de todos los lugares que han formado parte de tu historia.
Porque una de las maravillas de ser extranjero es que desarrollas una capacidad enorme para adaptarte, empezar de nuevo y encontrar tu lugar incluso donde antes todo era desconocido.
Después de reconstruirte tantas veces, entiendes que nada te queda pequeño.
Tu identidad no depende únicamente de un país, de un grupo de personas o de sentirte aceptado por los demás.
Tú también decides quién quieres ser.
Así que sé tú mismo. Rodéate de personas que te hagan sentir en casa y construye una vida que te llene tanto por dentro como por fuera.
Porque quizás al final la respuesta a “¿de dónde eres?” sea simplemente:
Soy de todos los lugares que han dejado algo bonito en mí. ❤️🌎