19/05/2026
A veces el vacío interior no es ‘ausencia de’.
Es ‘espacio para”.
Espacio después del ruido, de la exigencia social que termina en auto-exigencia, de sostener durante demasiado tiempo lo que ya no necesitaba sostén o lo que había dejado de sostenes a nosotras.
Versiones de nosotras mismas que ya no podían respirar.
He aprendido que, aunque incomode, el vacío también puede ser un umbral.
Un lugar de pausa donde algo viejo termina mientras que lo nuevo aún no ha terminado de tomar forma.
Ese vacío asusta, lo conozco bien.
A menudo queremos escapar de él, llenarlo rápido, distraernos, volver a lo conocido. ¡Qué ilusión tan tonta!
También he aprendido que quizá ese vacío no viene a rompernos, sino a devolvernos a nosotras.
Porque cuando te atreves a quedarte ahí, a adentrarte en ese vacío, a ser lo suficientemente valiente como para escuchar ese silencio, al principio aterrador, entonces te regalas la oportunidad de abrirte al mundo desde otro lugar, más consciente, más auténtico. Te permites, entonces, sentir de una manera más plena para dejar emerger a quien realmente eres.
No para buscar lo que falta.
Tampoco para volver a llenarte con lo de fuera.
Simplemente para habitarte toda tú, ahora sí, por dentro, con quien verdaderamente eres.
Construcción Vacía, Jorge Oteiza
Paseo Nuevo
Donostia San Sebastián
📸