14/06/2026
RIUET | "La bocana milagrosa"
Montserrat Nin Duran
Lo imposible ya no lo es. Lo incorrecto ahora es correcto. Y lo que era una obsesión vecinal ahora es una propuesta de consenso.
Tengo que pedir disculpas en el Ayuntamiento del Vendrell.
Durante semanas pensé que el tema de la bocana del Riuet era una simple discrepancia entre los vecinos y el gobierno municipal. Pero no. Ahora he entendido que estaba frente a una lección magistral de ilusionismo político.
Porque no todo el mundo es capaz de hacer desaparecer una bocana frente a cientos de personas y después anunciar que la volverá a hacer aparecer como si fuera una gran novedad.
Esto no es urbanismo. Es el Festival Internacional de Magia de Comarruga. La bocana se esfuma, se explica que es por su bien, se asegura que todo forma parte de un plan magnífico, se deja entender que los vecinos no han sabido apreciar la genialidad de la propuesta y, después de varios cientos de firmas, se descubre que quizás la ciudadanía no estaba tan equivocada. Houdini habría pedido trabajo en el Ayuntamiento.
Los vecinos, mientras, han protagonizado una conducta incomprensible. Han protestado. Han recogido firmas. Han ido a los plenos. Han salido a los medios. Han insistido en defender un espacio que conocen desde hace décadas. Francamente, no han facilitado nada el trabajo.
Porque todos sabemos que los proyectos públicos funcionan mucho mejor cuando la ciudadanía se calla educadamente y aplaude al final.
Lo más fascinante es que ahora la bocana podría volver.
Fíjese en la maravilla.
Lo imposible ya no lo es. Lo incorrecto ahora es correcto. Y lo que era una obsesión vecinal ahora es una propuesta de consenso.
Es tan extraordinario que propongo estudiar el caso en las universidades.
No cada día se ve una idea equivocada convirtiéndose en acierto sin moverse del mismo sitio.
Pero antes de encargar la placa conmemorativa, conviene recordar un pequeño detalle: la bocana sigue exactamente dónde estaba, cerrada.
Por el momento tenemos reuniones, estudios, informes, compromisos, validaciones y futuros proyectos. Es decir, tenemos todo lo que la política fabrica con mayor facilidad que las obras: esperanza.
Ahora sólo falta la parte complicada, que es convertirla en realidad.
Y ahí aparece una coincidencia encantadora.
El próximo año hay elecciones municipales. Pero seguro que nada tiene que ver.
Tan casual como ver a políticos escuchando a los vecinos justo cuando los vecinos se convierten en electores.
Por eso yo propongo prudencia. No porque desconfíe de nadie, Dios me guarde. Simplemente porque entre una promesa y una excavadora hay mayor distancia que entre Comarruga y la Luna.
Quizá la bocana regrese. Quizás veremos las obras. Quizás los compromisos se cumplan.
O quizá descubramos que las promesas también tienen propiedades mineromedicinales: alivian mucho, reconfortan aún más y desaparecen justo cuando más las necesitas.
Sea como fuere, hay algo que ya ha quedado demostrado.
Los vecinos han recuperado algo mucho más difícil que una bocana: la capacidad de escucharse. Y, en estos tiempos, eso sí parece un milagro.
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