01/05/2013
EL APOSTADOR
Fue a fines de 2006 cuando Gonzalo Miranda Arratia (42) comenzó a darle vueltas a la idea de independizarse. Había pasado cinco años en la dirección ejecutiva de Endeavor viendo cómo pequeños proyectos tomaban vuelo. Él mismo los había asesorado. Antes, había emprendido en dos proyectos personales. Era hora de volver a iniciar un camino propio.
Con esa idea estaba cuando decidió armar un fondo de inversión. Echó mano a la red de contactos que construyó en Endeavor, para conseguir capital e invertir en aquellas iniciativas donde vio oportunidades, incluida la idea de internacionalizar varias de esas “maquetas”.
Él se presentó como venture capital, concepto estadounidense para este tipo de fondos, que en esa fecha aún no existía en Chile.
Miranda, amante de la pesca con mosca y de la fotografía, no tuvo problemas en construir un abultado fondo. A los pocos días de su salida de Endeavor se reunió con José Luis del Río, director en ese entonces de la ONG y una de las mayores fortunas del país. De inmediato Del Río decidió poner dinero en la incursión de Miranda. Pocos meses después, empresarios de renombre siguieron sus pasos. Juan Claro, Juan Obach, Bruno Philippi, Rafael Guilisasti y Víctor Hugo Puchi, entre otros, decidieron entrar como accionistas. Era 2007 cuando Miranda dio forma a Austral Capital. Ese primer fondo levantó US$ 46 millones, monto que fue invertido en compañías de servicios logísticos, biotecnología y operación electrónica, como Multicaja -un símil de Transbank-, Paperless o Atakama Labs, empresa chilena desarrolladora de videojuegos, y que fue vendida a la japonesa DeNA en US$ 6 millones.
Pese a la notoriedad de los aportantes y aun cuando el fondo maneja 12 empresas en Chile, Brasil y Estados Unidos, de Miranda se sabe poco.
El ingeniero civil de la UC siempre ha rehuido de los medios. En el ambiente empresarial es conocido por su gran olfato para los negocios. “Es un técnico, negociador y muy sigiloso, algo clave en la industria de los venture capital donde trabajas con la confianza de tus clientes”, explica Matías Eguiguren, fundador de Picton Advisors.
Su principal fortaleza, dicen en el mercado, es su buen ojo para detectar ideas brillantes y transformarlas en compañías rentables. Es su modo de operar y lo que hace a diario en Austral Capital.
Él no sólo busca e invierte en negocios con potencial. También colabora en su administración, para mejorar la rentabilidad. Lo hace de distintas maneras: entra al directorio o mantiene nexo fluido con la gerencia. Por su experiencia en este tipo de “aventuras” sabe cuándo un negocio va a crecer. Y acepta cuando deben morir.
Lecciones en el cementerio
Antes de transformarse en un ejecutivo que maneja recursos millonarios, Gonzalo Miranda estudió Ingeniería. Ahí conoció a varios de los que más tarde se convertirían en grandes empresarios y ejecutivos. Como Sandro Solari, CEO de Falabella; Santiago Muzzo, fundador de Bazuca; y Roberto Bianchi, gerente general de Metro. Con todos ellos egresó en 1994.
Pero su gran escuela no estuvo en la UC, sino en los años que vinieron después. En Chile cobraba fuerza el fenómeno de los cementerios parque y el empresario Patricio Ábalos Labbé, dueño del Parque del Recuerdo, lo contrató cuando estaba a punto de dar un gran paso: tomar la administración de los 19 cementerios que manejaba su competidor Isacruz.
Entonces, el empresario formó un equipo de ejecutivos, entre ellos Miranda, para sacar adelante un negocio que estaba de capa caída. Pero la abultada deuda -US$ 180 millones- y la presión de los bancos acreedores, forzaron al equipo gerencial, que solicitó la quiebra de la firma a los ocho meses de haber asumido. Ése fue uno de los mayores aprendizajes que recibió el joven ingeniero: las duras conversaciones con la banca y reconocer cuándo un proyecto no tiene salvación. Algo que Miranda aplicaría años más tarde en el norte de California.
Bajar la cortina
Fue a pocos kilómetros de San Francisco, en la costa oeste norteamericana, donde Miranda conoció al turco Ergun Hepbar y al estadounidense James Cook. En las aulas de la Universidad de Berkeley, donde el chileno cursaba un MBA, los tres amigos decidieron armar un negocio. Miranda jamás había escuchado la palabra entrepreneur -emprendimiento en inglés-, pero el vocablo estaba de moda no sólo en Berkeley, sino que en todo Estados Unidos. Era 1998 y los tres nuevos amigos comenzaron a explorar diferentes mercados.
En ese lapso se dieron cuenta de que las clínicas veterinarias en California, como en el resto del país, estaban atomizadas en decenas de propietarios. Ahí vieron una oportunidad: unir esos cientos de negocios bajo un paraguas de administración. Reunieron US$ 60 mil (unos $ 30 millones) y crearon The Pet Network (TPN), firma que no sólo asesoraría a las veterinarias en términos de administración, sino que además permitiría negociar un mejor precio de los insumos, al sumar varias clínicas en las órdenes de compra. El proyecto no reunió un número crítico de veterinarias y fracasó antes de cumplir el año. Los socios decidieron bajar la cortina, justo cuando el MBA de Miranda llegaba a su término.
Ahí el ingeniero tuvo que resolver si volvía a Chile o hacía carrera en Estados Unidos. Casi decidido a quedarse allá, Miranda conoció a Anette Krohn, una sueca que tenía como proyecto de vida emigrar a Chile. “Le pregunté por qué quería dejar Suecia para irse a Chile”, recuerda hoy el fundador de Austral Capital. “Me dijo que en Suecia estaba todo hecho y que Chile estaba en construcción, y que ella quería ser parte de ello. Me hizo mucho sentido y me vine”, relata. Curiosamente ambos terminaron, años más tarde, en Endeavor. Él como director ejecutivo y ella como gerente de la ONG en su sede de Puerto Varas.
Antes de aterrizar en Endeavor, Miranda hizo una escala en Canal 13. Su fascinación por la tecnología y por crear nuevas empresas fueron suficientes para que Rodrigo Jordán, entonces director ejecutivo del canal, lo contratara como vicepresidente del área de Desarrollo de Negocios en septiembre de 1999.
Jordán tenía en mente separar el negocio de la televisión abierta de las demás áreas, como Internet, el canal de cable y la señal internacional. Todos estos fueron albergados en un paraguas que creó Miranda bajo el nombre de Medios Australes S.A. Pero la escasez de recursos que vivía la ex señal católica hizo inviable el proyecto. Jordán dejó la estación y Jaime Bellolio pasó a ser el nuevo jefe de Miranda a mediados del 2000. “Apenas llegué al canal conversé con él y le pedí que siguiera con el proyecto y desarrollara un área de innovación. Pero cuando los recursos son limitados y estábamos reportando números rojos, resultaba complicado sacar adelante cualquier idea. Lamentablemente se fue al poco tiempo”, recuerda Bellolio.