24/04/2025
45 años de Pohuer: Un legado que no se improvisa
Hoy no celebramos solo un aniversario. Celebramos una historia. Una de esas que no se escriben con prisas, sino con sudor, con esfuerzo, con alma. 45 años han pasado desde que Antonio Ruiz padre y Ginesa llegaron desde Murcia con una ilusión enorme y el deseo firme de emprender un sueño juntos.
Ginesa, hija de panaderos, creció entre hornos encendidos y jornadas interminables, entendiendo desde niña el valor del trabajo constante.
Antonio, hijo de Laureano, maestro de obra, heredó de su padre el amor por lo bien hecho, por construir con las manos y con orgullo. Antonio había estudiado para matricero, preparándose con determinación para forjarse un futuro con esfuerzo y visión.
No llegaron con las manos vacías. Llegaron con algo mucho más poderoso: una vocación, una ética de trabajo férrea y el deseo de construir algo que perdurara. Y lo lograron.
Pohuer no nació en una oficina ni en un PowerPoint. Nació en la mente y el corazón de dos personas que sabían lo que era empezar desde abajo. Nació en días largos, en noches en vela, en la dignidad del trabajo bien hecho. Y todo eso, aún hoy, sigue vivo en cada rincón de esta empresa.
Gracias, Antonio. Gracias, Ginesa. Porque fundar una empresa es fácil; lo difícil es mantenerla viva 45 años y seguir inspirando respeto, admiración y cariño. Y eso solo lo consiguen quienes han trabajado con el corazón por delante. Los trabajadores de Pohuer —los de antes, los de ahora y los que vendrán— saben quién puso los cimientos. Y lo dicen sin dudar: “Los padres son Pohuer.”
Y ahora, con todo el respeto, pero también con toda la claridad que merece el momento: no todo lo que se hereda se entiende. Hoy, quienes ocupan los despachos más altos deben mirar atrás con más humildad. Hay decisiones que se toman, gestos que se hacen, palabras que se dicen… que nos recuerdan que el apellido no hace al líder. Que ser CEO no convierte a nadie en fundador.
La diferencia está en el alma. En esa entrega silenciosa y constante que tenían Antonio y Ginesa, que nunca necesitaron exhibirse para ser respetados. Hoy, algunos confunden autoridad con imposición, liderazgo con ego, y apellido con mérito. Y esa confusión solo aleja, nunca une.
Dirigir una empresa como Pohuer requiere una virtud escasa: humildad. Esa que permite escuchar, aprender y valorar la historia que otros escribieron antes. Esa que transforma un cargo en una misión, no en un privilegio.
El respeto no se impone, se gana. Y el respeto que Antonio Ruiz padre y Ginesa se han ganado en casi medio siglo no se compra, ni se suplanta. Es tiempo de dejar de mirar desde arriba y empezar a mirar hacia adentro.
Por eso hoy, más que una celebración, es una llamada a la conciencia. Es un recordatorio de que el espíritu de Pohuer no está en las paredes, sino en los valores que lo fundaron. Y mientras ese espíritu siga presente, esta empresa seguirá siendo fuerte.
Feliz 45 aniversario, Pohuer.
Que el ejemplo de sus fundadores siga guiando cada paso… incluso los que aún están por aprender.
Gracias Antonio y Ginesa