24/09/2026
Vivir donde otros vacacionan tiene un costo invisible que la mayoría ignora hasta que intenta comprar o vender. La escasez no es un accidente, es el resultado de un mercado que ha priorizado la rentabilidad inmediata sobre la estabilidad vecinal.
Poseer una propiedad residencial en el sureste no es solo tener un techo, es tener un activo que se aprecia por pura exclusión. Mientras más edificios se destinan al sector vacacional, más exclusivo se vuelve el hogar tradicional.
La verdadera ganancia no está en el precio de mercado genérico, sino en entender la anomalía de la oferta local. Vender bajo parámetros antiguos en un entorno de escasez artificial es el camino más rápido para perder patrimonio.
Quien ignora la presión turística sobre el suelo residencial está regalando el valor estratégico de su propiedad a un comprador que sí sabe lo que está adquiriendo.