07/04/2020
Hace escasamente un mes se escuchaba que había un virus que la estaba liando en China, originario de una ciudad de la cual la inmensa mayoría de nosotros no habíamos oído hablar en nuestra puñetera vida, aunque tuviera el doble de habitantes que Madrid. Pero los chinos, que son muy hacendosos y coordinados, habían construido en tiempo record un hospital para los afectados, y aunque parece que el virus se estaba diseminando un poco por Europa, China como que pilla muy lejos, y total, es como una gripe de la que sólo tienen que preocuparse nuestros mayores…
Hoy primer día de Abril nos hallamos inmersos en una situación de crisis que jamás hubiéramos podido imaginar los ciudadanos de a pie a principios del mes pasado. El impacto en la salud de un virus que ya se ha llevado “oficialmente” más de 8.000 personas en nuestro país y 42.000 en todo el mundo, y que está colapsando los sistemas sanitarios de muchas naciones, es más que evidente. Del impacto económico, qué decir. Miles de empresas han cesado totalmente su actividad durante un tiempo indeterminado, y sus empleados afectados por suspensiones de empleo y acudiendo a prestaciones del SEPE de forma masiva, esperemos que temporalmente para la mayoría aunque no lo será para todos. Las bolsas de todo el mundo luchan por aguantar los niveles a los que se han desplomado en el peor mes de la historia para varias de ellas. Y que decir de nuestro estilo de vida estos días, en un confinamiento doméstico sin precedentes, a lo Gran Hermano pero sin tanta fanfarria y tontería. Y lo que nos queda.
El optimismo, va por momentos. Y cuando ves las noticias en televisión, o te paras a pensar en las posibles consecuencias de todo esto, especialmente en la economía del país, ese optimismo hace ademán de desvanecerse. Pero no podemos dejar que este puñetero virus pueda con nosotros, porque tenemos armas que estamos sacando y que no habrá bicho que las resista. Y no hablo de medidas gubernamentales, las sanitarias que debieron llegar antes, y las económicas que van a dejar facturas que llegará el momento en que los ciudadanos las tengamos que pagar. NO. Me refiero a las armas que tenemos como seres humanos y como nación por mucho que algunos se empeñen en desmembrarla. Hablo de armas como la enorme solidaridad de la que estamos siendo testigos estos días por parte de personajes públicos o millares de desconocidos, o del espíritu de servicio y la abnegación que están demostrado muchos sectores profesionales como el sanitario, y por lo que reciben una calurosa y merecida ovación todos los días a las ocho de la tarde. Hablo del compromiso que la mayoría está mostrando con el mantenimiento de un confinamiento nada fácil, pues es la principal medida para disminuir los contagios, y del carácter que nos define, tratando con humor de quitar hierro al asunto sin perder de vista el verdadero significado de lo que esto supone. Y hablo de la resiliencia y el valor que ya afloran, y que deberemos demostrar realmente como nación cuando empiecen a vislumbrarse las consecuencias a posteriori de toda esta sinrazón.
Y esos valores, y no las medidas de un gobierno descoordinado e irresponsable o de una Europa que estará aún más fragmentada después de todo esto, serán lo que nos haga vencer a este hijo de su madre y superar las consecuencias de su paso por nuestra España, y nuestras vidas. No lo olvidéis, y esforzaos por hacer gala de ellos.