13/10/2026
En «La última partida», de Luciano Díaz Castilla, las miradas parecen jugarse más que las cartas. Los rostros se apiñan, las manos se agitan y el color enciende una escena en la que siento desconfianza, miedo y una obstinada voluntad de seguir jugando. El personaje central nos mira como si acabáramos de sentarnos a su mesa.
El título invita a pensar en el tiempo que nos queda, en lo que arriesgamos y en esa esperanza de que todavía nos toque una buena mano. Luciano convierte la partida en un pequeño teatro de la condición humana, con una pintura que conserva toda la fuerza del gesto.
Una obra de «Mi museo imaginario» ante la que merece la pena detenerse. Porque también nosotros tenemos cartas que aún no hemos puesto sobre la mesa.
Ávila