14/02/2024
La mayoría de las veces tenemos una visión miope de lo que es el salario emocional.
¿Ambiente agradable, conciliación y vacaciones? Por supuesto que sí, pero va mucho más allá.
El mejor ejemplo se encuentra en el proceso de selección que organizó Shackleton en 1914 para la expedición Endurance a la Antártida.
El texto de la oferta decía así:
"Se buscan hombres para viaje peligroso. Salarios bajos, frío extremo, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, retorno ileso dudoso. Honores y reconocimiento en caso de éxito".
Recibió 5000 inscripciones para 27 vacantes.
Quizás estés pensando: "Vale, pero ya no estamos en 1914. Han pasado 110 años".
Cierto, pero no han cambiado tanto las cosas.
Pensemos en el ejército.
¿Ofrece un salario excelente? No, la expectativa salarial no es motivo.
¿Un ambiente agradable? No.
¿Mucha conciliación y vacaciones? Tampoco.
Desde un punto de vista objetivo parece una mala elección: escaso beneficio para una probabilidad alta de salir mal parado.
¿Entonces por qué la gente se alista?
Porque para algunas personas la sensación de sostener un M16 en sus manos (y no hablemos ya de dispararlo) compensa el riesgo de salir herido o peor aún.
Porque la adrenalina de una operación militar probablemente no la iguale otro trabajo.
Porque pocas alternativas podrán alimentar igual el sentimiento de patriotismo.
Y muchos otros motivos que no entran dentro de la tríada clásica de salario emocional, y que por supuesto, no serán persuasivos para todo el mundo sino solo para aquellos con los que conecten con fuerza.
Si crees que tu farmacia no puede competir en conciliación y vacaciones porque no tiene margen para hacerlo, busca otras vías para explotar el salario emocional.
Porque las hay.