06/05/2022
La suerte de las pequeñas cosas
Esta semana acabé un curso en el cual uno de los alumnos, Iñaqui, compartió una reflexión que me pareció fantástica. Hablábamos de las Creencias, que desde el Coaching son aquellas generalizaciones que hacemos de diferentes aspectos de la vida, pero que tomamos como reales, por lo cual acaban teniendo una gran influencia en nuestra vida. Y hablando de las creencias potenciadoras, que son aquellas que sacan lo mejor de nosotros y nos hacen crecer, Iñaqui contó una creencia que él tenia: la llamó “la suerte de las pequeñas cosas”. Acto seguido lo argumentó con convicción durante unos 5 minutos, que lamenté no haber grabado, porque todo lo que dijo fue precioso.
Habló de cuando había conseguido las últimas entradas de un concierto, de como siempre encontraba lugar para aparcar, o de la vez en que habia viajado con su pareja a Chicago, con la suerte que justo había una exhibición de vuelos increíble que se hace una vez al año. Cuando acabó sus compañeros acabaron convencidos de que tenía esa suerte. Me pregunté a mi misma si sería asi, si Iñaqui tenía la suerte de las pequeñas cosas o a todos nos suceden cotidianamente cosas así, pero a diferencia de Iñaqui, no las registramos, las pasamos por alto.
Uno de los últimos descubrimientos de la Neurociencia es que en el cerebro existe algo que se ha llamado “el sistema reticular activado", que es una especie de “rastreador del cerebro”. Es aquel que permite que cuando nos ilusionamos con algo, podamos encontrarlo facilmente en la vida real. Es lo que hace, por ejemplo que una mujer embarazada empiece a ver bebés por todos lados o que alguien que quiere comprar un modelo de coche, comience de pronto a verlo por todas partes.
Pero de lo que estoy convencida es que internalizar una creencia como la de Iñaqui nos permite sentirnos mucho mas a gusto con lo que nos sucede en la vida. Es más, creo que en los momentos de mi vida que me he sentido más contenta y entusiasmada, es porque valoraba y agradecía esas pequeñas cosas cotidianas de las que hablaba Iñaqui, aun sin ser consciente de ello. Y al revés, cuando no me sentia a gusto, cuando sentia que algo de fondo no iba bien, coincidentemente había dejado de verlas, las pasaba por alto.
Hoy es un día maravilloso de primavera. He cogido mi bici y me he venido a Madrid Rio, que está precioso. Una perrita que paseaba con su dueño ha venido a saludarme moviendo la cola. Más tarde iré al bar de mi amigo Edgar, que sé que me recibirá con una rica cervecita. En medio de la vorágine diaria, tomar consciencia de estas pequeñas cosas me ha llenado de alegría. Os propongo que hagáis lo mismo, veréis como os sentís mucho mejor.
Y a ti Iñaqui, gracias.