31/08/2026
No es el síndrome POSTVACACIONAL. Es VOLVER a lo mismo.
𝐒𝐞𝐩𝐭𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐧𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚𝐬. 𝐀 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐯𝐞 𝐚 𝐩𝐨𝐧𝐞𝐫𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞.
Mañana empieza septiembre y las noticias se llenarán de consejos para superar el síndrome postvacacional: recuperar horarios, organizar la bandeja de entrada, dormir mejor, volver poco a poco a la rutina y afrontar el regreso con actitud positiva.
Todo eso puede ayudar. Después de varias semanas desconectado es normal necesitar unos días para recuperar horarios, obligaciones y ritmo de trabajo.
Pero hay una pregunta que me parece bastante más interesante ¿Y si el problema no es volver de vacaciones, sino volver a lo mismo?
Porque no todas las personas que regresan con desgana necesitan aprender a gestionar mejor septiembre. Algunas saben perfectamente lo que dejaron en julio y lo que van a encontrarse mañana.
Un conflicto que nadie resolvió. Una carga de trabajo que ya era excesiva. Una organización donde todo es urgente. Un responsable que dirige mal. Un equipo que funciona con menos personas de las que necesita. O un mando intermedio que vuelve a ocupar ese espacio imposible entre las exigencias de arriba y los problemas de abajo.
Nada de eso desaparece porque hayamos pasado tres semanas en la playa.
Las vacaciones simplemente ponen distancia.
Y esa distancia tiene un efecto que me parece especialmente interesante para quienes gestionamos personas: 𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐯𝐮𝐞𝐥𝐯𝐞 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.
Cuando llevamos meses dentro de una determinada dinámica organizativa podemos terminar aceptando como normal lo que quizá no debería serlo. Las urgencias constantes, reuniones poco útiles, objetivos contradictorios, interrupciones permanentes o una distribución desigual de las cargas van incorporándose al paisaje cotidiano. Incluso el propio cansancio puede acabar pareciéndonos parte inevitable del trabajo.
Hasta que salimos de allí durante un tiempo.
Dormimos mejor, recuperamos conversaciones, deporte, familia, amigos o simplemente horas sin estar pendientes de una pantalla. Y después volvemos.
Ahí es cuando algunas personas descubren con mucha más claridad la diferencia entre cómo se encontraban fuera y cómo empiezan a encontrarse dentro.
Las vacaciones pueden convertirse, sin pretenderlo, 𝐞𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐚𝐠𝐧𝐢́𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐩𝐫𝐮𝐞𝐛𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬𝐭𝐞 𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥.
Esto no significa que cada trabajador que vuelva desmotivado tenga un problema con su empresa. Sería una conclusión tan simplista como atribuir cualquier malestar al síndrome postvacacional. Hay quien sencillamente preferiría continuar una semana más de vacaciones, quien necesita recuperar el sueño y quien tarda unos días en coger velocidad. También existe una responsabilidad individual que no deberíamos borrar del análisis.
Precisamente por eso me incomodan tanto las etiquetas generales.
Cuando agrupamos bajo una misma explicación situaciones completamente distintas dejamos de comprenderlas. Y gestionar personas debería consistir exactamente en lo contrario: distinguir antes de intervenir.
Septiembre puede ser un momento magnífico para hacerlo.
No preguntando a la plantilla si viene contenta o triste, ni convirtiendo Recursos Humanos en un consultorio emocional. Basta con observar qué ocurre al recuperar la actividad: qué equipos vuelven a funcionar con normalidad, dónde reaparecen inmediatamente las tensiones, qué responsables comienzan otra vez a apagar fuegos y en qué departamentos regresan exactamente los mismos problemas que ya estaban presentes antes del verano.
Ahí hay información valiosa.
Durante demasiado tiempo hemos gestionado muchas cuestiones relacionadas con las personas cuando ya se habían convertido en consecuencias: absentismo, rotación, conflicto, pérdida de talento o agotamiento de quienes sostienen los equipos.
Una organización proactiva debería intentar llegar antes.
𝐌𝐞𝐝𝐢𝐫, 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐜𝐭𝐚𝐫, 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐞 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐯𝐞𝐧𝐢𝐫 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐜𝐮𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐬𝐞𝐚 𝐞𝐥 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐨 𝐝𝐚𝐭𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐯𝐞𝐫.
Por eso, frente a la pregunta habitual de estos días —¿cómo ayudamos a nuestra gente a superar el síndrome postvacacional? —, yo propondría otra algo más incómoda:
¿Que encuentra nuestra gente cuando vuelve?
Porque quizá septiembre no sea el problema.
Quizá septiembre simplemente nos permita volver a ver con claridad aquello que dejamos aparcado en julio.
Y eso, para una empresa que quiera entender realmente lo que ocurre dentro, puede ser una información mucho más útil que cualquier manual para volver a la rutina.
Así que, con ganas y al lío.