23/08/2026
Hace un par de veranos entró en la tienda una pareja de Córdoba a comprar un décimo de Navidad. Le pregunté si buscaba alguna terminación o algún número en especial y él me dijo que le daba igual, que eligiese yo. Mientras me lo estaba pagando, su mujer lo miró socarrona y le dijo: "Cuéntale". Él puso cara de resignación y contestó: "¿Otra vez?". Y entonces empezó una de esas historias que todavía hoy seguimos contando en el mostrador. Años atrás, su empresa lo había enviado a Madrid a hacer un curso y sus tres compañeros de oficina le encargaron que les trajera un décimo para Navidad. Como tenía las tardes libres, un día hizo la cola y compró los tres. El número que le dieron al principio no le gustó porque le pareció demasiado bajo, así que pidió que se lo cambiaran por otro más alto. Terminó el curso, volvió a Córdoba y entregó un décimo a cada compañero.
Llega el 22 de diciembre y aquel número que se llevó fue El Gordo de Navidad. Los tres décimos que había comprado para sus compañeros estaban premiados... pero él no tenía ninguno. Nunca había jugado a ningún juego de azar y, sencillamente, ni se le había ocurrido comprar otro décimo para él. Sus compañeros quisieron repartir entre los cuatro el premio de los tres décimos, pero él se negó. Decía que él no había jugado y que aquel premio era de ellos. A esas alturas yo ya no sabía si aplaudir o preguntarle cómo había sobrevivido después de aquello, así que miré a su mujer y le pregunté cómo se lo había tomado ella. No le dio tiempo a contestar porque él se adelantó: "Ella bien... pero mi suegra me quería tirar por la ventana. Todavía la tengo en el salón de casa en la misma postura desde hace dos años, de pie, inclinada y con las dos manos en posición de empuje" 😂
Os aseguro que fue una de las veces que más me reí detrás de este mostrador y, por supuesto, en cuanto salieron por la puerta apunté el número del décimo que acababa de llevarse y saqué otro igual para mí. Después de escuchar aquello, cualquiera se arriesgaba. 😂 Desde entonces, cada vez que contamos esta historia acaba surgiendo la misma discusión: ¿vosotros qué habríais hecho en su lugar? ¿Habríais aceptado que vuestros compañeros compartiesen el premio o habríais hecho exactamente lo mismo que él?
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