La vieja el visillo de la Historia

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FADRIQUE, EL HERMANO AVENTURERO DE ALFONSO X EL SABIO.POR NISSIM DE ALONSO.El infante Fadrique de Castilla era hijo de F...
31/08/2026

FADRIQUE, EL HERMANO AVENTURERO DE ALFONSO X EL SABIO.

POR NISSIM DE ALONSO.

El infante Fadrique de Castilla era hijo de Fernando III el Santo y su esposa Beatriz de Suabia, porque las relaciones de parentesco con las casas nobles alemanas comenzaron en Castilla mucho antes de que a Carlos I de España se le ocurriera ser Carlos V de Alemania y emperador del Sacro Imperio.
La ley decía que el primer hijo del rey sería el heredero del trono, por lo que los hermanos siguientes se tenían que dedicar a la iglesia o al ejercito obligatoriamente, pero este no era el caso de Fadrique, ya que su madre le nombró heredero el ducado de Suabia.
Beatriz de Suabia se casó a los quince años con Fernando de Castilla.
Era culta, hermosa, modesta y compasiva según los historiadores de la época que hablaban maravillas de ella, pero además era hija de Felipe, duque de Suabia y Rey de Romanos y de Irene Ángelo, hija de Isaac II, emperador del Imperio romano de Oriente, es decir: pocas mujeres poseían tanta nobleza como ella.
Murió a los treinta años, posiblemente por complicaciones de su último parto. Durante estos quince años tuvo diez hijos. (cosa normal para la época)
Cuando Fadrique cumplió los quince años su padre lo envió junto a su tío Federico ll de Hohenstaufen para reclamar los bienes de su madre que había mu**to cinco años antes.
Pero si quería que devolviera el ducado a su hijo, algo debía ofrecer a cambio y Fadrique llevaba cartas muy importantes de su padre ofreciéndose a mediar para que el papa levantara la excomunión sobre Federico por negarse a ir a las Cruzadas. De hecho, ni él ni el rey francés habian roto sus relaciones con él a pesar de la excomunión.
La corte de Federico era una de las más cultas de la época y estaba en aquel momento en Foggia, Italia.
Fadrique no hizo mal papel entre los nobles italianos y alemanes porque era culto y de buena presencia como su madre, además de buen soldado, pero su tío hacía oídos sordos a sus deseos y siempre tenía una excusa para no reconocer sus derechos al ducado, aunque participó a su lado en la lucha contra las ciudades lombardas y contra el Papado, nada de esto le reconoció su tio
Pasaron cinco años y Fadrique se dio cuenta de que su tío nunca le daría nada y que solo pretendía aprovecharse de él, así que se marchó a Milán abandonando a su tío y pasándose a sus enemigos.
Su tío, furioso, lo acusó de traidor y Fadrique, tras unos meses, se volvió a España junto a su padre para luchar en la Reconquista, porque esa era la única forma de ganar rápidamente honores y tierras.
Participó con sus hermanos Enrique y Alfonso en la toma de Jaén y tras la toma de Sevilla recibió de su padre numerosas propiedades, quizás para compensarle de la perdida de sus posesiones alemanas, o según algunos historiadores, como pago por la renuncia a sus derechos sobre el ducado de Suabia, ya que su hermano Enrique recibió mucho menos que él.
La princesa Cristina de Noruega vino a España para casarse con uno de los hijos del rey y en un primer momento pareció ser Fadrique el elegido, pero un accidente de caza le había dejado una fea cicatriz que le desfiguraba la cara y la princesa prefirió a su hermano menor Felipe.
Tenía cerca de los treinta años cuando su padre murió y subió al trono su hermano Alfonso.
Los años posteriores a la coronación de su hermano fueron de una gran colaboración entre los dos en cuestiones literarias, lo cual significa que había entre los dos una buena relación.
Alfonso no fue el creador de la Escuela de Traductores de Toledo, habia sido creada por Alfonso VII de Leon unos cien años antes, pero Alfonso la llevó a su máximo esplendor.
Judios, cristianos y musulmanes se unieron para verter al castellano toda la ciencia que los árabes habian conservado, si no hubiera sido por ellos, mucha parte de los conocimientos matemáticos de los griegos se hubieran perdido.
Alfonso, además, tuvo la original idea de que la traducción final no fuera el latín, sino el castellano, lo que dio un gran impulso a la lengua.
La escuela tradujo libros de astronomía, matemáticas, medicina y filosofía entre otros.
Siendo todavía infante, Alfonso mandó traducir Calila e Dimna, uno de los libros más importantes de la literatura medieval y muy posiblemente el antecedente de las fabulas de Esopo y Samaniego.
Después de su coronación Fadrique pagó de su bolsillo la traducción de otra colección de cuentos orientales llamada El Sendebar o libro de los engaños.
Este tipo de cuentos hindúes y árabes no fueron conocidos en Europa hasta que el explorador ingles Richard Barton tradujera casi seiscientos años después Las mil y una noches.
(Por cierto, aquel libro resultó tan escandaloso para la moral victoriana que se recomendaba que las mujeres no lo leyeran.)
Pero en pocos años aquel buen entendimiento se convirtió en un enfrentamiento con su hermano Alfonso por motivos políticos y Fadrique prefirió irse a la corte de Túnez, donde ya estaba viviendo su hermano Enrique, que también se habia enemistado con el rey.
Muy posiblemente este malestar venia de las grandes sumas que los nobles castellanos debían aportar para que Alfonso fuera proclamado Rey de Romanos y que estaba arruinando la economía del país.
Aquel viaje se hizo sin el permiso de Alfonso, por lo que el rey lo consideró un traidor, le quitó gran parte de sus bienes y los repartió entre sus nobles, como hubiera hecho con un desterrado.
El sultán de Túnez, Al Mustansir, le recibió con grandes honores al igual que habia recibido a su hermano Enrique. Las tropas cristianas eran tan importantes que formaban parte de la guardia personal del sultán.
La guardia personal de muchos mandatarios estaba formada desde antiguo por gente ajena al país: esto garantizaba que no hubiera luchas tribales entre sus soldados y que fueran totalmente fieles a su jefe. No olvidemos la Guardia Tracia de Marco Antonio que luego el emperador Augusto regaló a Herodes o los famosos genízaros que formaban la guardia personal de los sultanes otomanos y que eran de origen cristiano.
Fadrique, lo mismo que su hermano Enrique, pasaron a Italia para luchar con sus tropas en la conquista de Sicilia, cada cual en un bando, pero Enrique fue derrotado por Carlos de Anjouy pasó más de veinte años en prisión antes de que fuera liberado y pudiera volver a Castilla, ya mu**to su hermano Alfonso.
Fadrique, por su parte, tampoco tuvo mucha suerte: el pretendiente al reino de Sicilia al que apoyaba también fue vencido y a su muerte tuvo que volver a Túnez, donde parecía que debería vivir sin esperanza de volver a Castilla.
Pero tres años mas tarde su suerte cambió.
El rey de Francia Luis IX organizó la Octava cruzada contra Túnez, convencido por su hermano Carlos de Anjou, ahora rey de Sicilia, de que Tunez sería una conquista fácil ya que su rey quería hacerse cristiano, pero todo salió mal.
Luis se aposentó en Cartago esperando el ataque a la ciudad que estaba bien defendida, entre otros ejércitos, por el de Fadrique.
Pero las condiciones higiénicas deplorables, el calor y la falta de agua potable provocaron una epidemia, probablemente de disentería y el mismo rey y su hijo murieron y se pactó una tregua entre el sultán tunecino y Carlos de Anjou en la que el mismo Fadrique aconsejó no enfrentarse al ejército francés y llegar a unas condiciones honrosas de paz.
Para agradecerle su valiosa mediación Carlos de Anjou exigió como condición sine quanon que Fadrique fuera expulsado de Túnez, pero su valiosa intervención evitando el enfrentamiento de dos ejércitos cristianos hizo que su hermano volviera a admitirle en Castilla y le devolviera parte de sus propiedades, aunque por si acaso, le hizo gobernador de Ciudad Real, lo cual lo apartaba de la corte, que en aquellos momentos estaba bastante revuelta por problemas sucesorios y por los impuestos asfixiantes que el rey demandaba para ser coronado Rey de Romanos y que parte de sus nobles se negaban a pagar.
Además todo el mundo notaba que el carácter del rey, ya de por sí autoritario, habia cambiado para mal.
Unos años antes, durante las celebraciones de la boda de su hijo Fernando de la Cerda, seguramente en un torneo, Alfonso recibió una coz de un caballo en la cara. Se fracturó el maxilar izquierdo y la lesión, que no fue bien curada,
derivó en una infección crónica del maxilar izquierdo, que terminó afectando a la órbita y provocó la protrusión del ojo. Más tarde, la sinusitis crónica evolucionó hacia un carcinoma del antro maxilar. Los dolores eran tan intensos que todos procuraban evitar al rey durante las crisis, pues en esos momentos sus decisiones podían ser terriblemente coléricas y desproporcionadas si le llevaban la contraria.
El problema se iba agravando y algunos nobles hablaron de incapacitarle y nombrar rey a su hijo Sancho y Fadrique encabezaba los nobles rebeldes.
Desde luego que con razón o sin ella, aquello podía considerarse una conjura contra el rey y como tal se lo tomó Alfonso cuando se lo comunicaron. Lleno de ira mandó precisamente a su hijo Sancho a detener a su tío Fadrique y al marido de su hija, Simón Ruiz de los Cameros.
Sancho obedeció la orden aun a sabiendas que eran sus partidarios porque no haberlo hecho hubiera sido señal de que él participaba también en la conjura, lo que seguramente no pudo imaginar fue la reacción desmedida de su padre que mandó matar a ambos inmediatamente y de una forma cruel: Simón Ruiz fue quemado en la hoguera pública en Treviño, poco después de capturarlo. Ese mismo día moría Fadrique en Burgos, para unos, ahogado y para otros de una forma mucho más cruel: encerrado en un arca con su cuerpo atravesado de clavos. Su cuerpo fue tirado a un muladar, una ofensa peor que una muerte indigna porque le privaba del recuerdo de una tumba y del descanso eterno.
Solo quedaba viva Beatriz, la hija de Fadrique y el rey mandó encerrarla en un convento hasta que murió poco después según algunas crónicas
Estas muertes acentuaron el malestar de los nobles y se llegó a una verdadera guerra civil. Alfonso se refugió en Sevilla y en premio a su fidelidad le concedió la enseña que luce la ciudad hasta hoy en día: NO 8 DO, que significa “No me ha dejado” (no madeja do)
Sancho fue el ganador final, pero aunque gobernó en lugar de su padre, no quiso ser nombrado rey hasta que Alfonso muriera dos años más tarde para evitar enfrentamientos entre los nobles.
Tampoco Alfonso consiguió ser Rey de Romanos a pesar de las grandes cantidades gastadas en sobornar a los electores, al final el papa se inclinó por Ricardo de Cornualles, hermano del rey inglés porque Roma nunca olvidó que Federico II se habia negado a seguir la orden papal de ir a las cruzadas y Alfonso pertenecía por su madre a la familia alemana.
Nada pudo hacer por su tío Fadrique, pero sí por Enrique, que fue liberado a instancias suyas y una vez en Castilla, le fueron devueltos sus antiguos privilegios y señoríos e incluso llegó a ser el ayo del futuro rey.
Se dice que mientras estuvo preso escribió el Amadis de Gaula, uno de los libros de caballería más famosos del medievo y que Garci Rodríguez de Montalvo, solo ordenó y corrigió los textos que habia encontrado antes.

BIBLIOGRAFIA.

1. HISTORIA HISPANICA. FADRIQUE DE CASTILLA.
2. FRANCISCO MARTINEZ HOYOS. POR QUÉ ALFONSO X EL SABIO MATÓ A SU HERMANO.
3. DICCIONARIO HISTORICO DE LA TRADUCCION EN ESPAÑA. ESCUELA DE TRADUCTORES DE TOLEDO.
4. SANTIAGO SEVILLA. EL VERDADERO AUTOR DEL AMADIS DE GAULA.

83. ARTHUR EVANS: NI ARQUEOLOGO NI DESCUBRIDOR DELPALACIO DE CNOSOSVaya por delante mi admiración por este erudito que d...
10/08/2026

83. ARTHUR EVANS: NI ARQUEOLOGO NI DESCUBRIDOR DEL
PALACIO DE CNOSOS
Vaya por delante mi admiración por este erudito que dedicó gran parte de su
vida a reconstruir el palacio que hoy podemos admirar en la isla de Creta y
en el cual el viajero no tiene que cerrar los ojos para imaginar cómo fue, sino
abrirlos para ver con detenimiento la espléndida y un poco imaginativa
reconstrucción.
Pero hay que comprenderlo; eran otros tiempos, la arqueología estaba en
mantillas y para Evans era “su palacio”, reconstruido y salvado de la
destrucción con su dinero y su esfuerzo.
No debemos olvidar que algunos arqueólogos que se quejaron de sus
métodos, utilizaron la dinamita en Mesopotamia para desembarazarse de las
ruinas romanas que ocultaban las ciudades construidas bajo sus cimientos.
Hoy en día no se le hubiera permitido tamaño sacrilegio arqueológico, por
lo tanto, demos gracias a Dios de que Evans nació en el siglo XIX.
Arthur Evans nació en 1851 y pertenecía a una familia rica. Su padre, John,
los había llevado desde pequeños a él y a sus hermanos a “fosilizar”; éste era
el término utilizado entonces para buscar fósiles, es decir, vestigios del
pasado; huesos, puntas de flecha, piedras de pedernal o sílex.
Cuando su padre los llevó a ver las excavaciones paleolíticas del Valle del
Somme, su afición por la arqueología se hizo firme.
John Evans era un experto en monedas antiguas y las asociaciones de
anticuarios de Gran Bretaña tenían sus criterios en mucha estima.
Fue la influencia y el dinero de su padre lo que le permitió entrar en Oxford
y estudiar Historia Moderna, que no antigua, y fue también su influencia la
que le hizo aprobar los exámenes; Arthur no era ni mucho menos un alumno
brillante, sino más bien mediocre.
Cuando acabó los estudios marchó a Alemania a continuar estudiando en
Gotinga, pero sólo estuvo allí cuatro meses; lo que le gustaba realmente era
el trabajo de campo. Su pasión por la arqueología le llevó Bosnia y
Herzegovina, que en aquellos años pertenecían al Imperio Otomano y
durante un tiempo ejerció de corresponsal.
En pequeñas tiendas donde se vendían antigüedades, comercio entonces
consentido por las autoridades turcas y muy lucrativo, compró sellos
cretenses, Cuando preguntó su procedencia, el vendedor le dijo que en la
región del Egeo había muchos yacimientos todavía sin explorar, Evans nunca
olvidó sus palabras.
Allí se compró un traje de turco rico, con turbante, chaleco bordado sin
mangas, faja carmesí y pantalones bombachos de seda y a su vuelta se paseó
así vestido por Londres.
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Sin llamar excesivamente la atención, ésa es la verdad, porque el esnobismo
de la aristocracia era grande y alentaba estas posturas.
Más tarde su padre consiguió para él el puesto de Conservador del Museo
Ashmolean de Oxford. Era un nombramiento puramente honorario, la paga
era exigua y el museo era, cuando Evans se hizo cargo de él, poco más que
un almacén de una planta en la que se amontonaban las antigüedades que
regalaban a la universidad de Oxford y que otros museos habían rechazado
por ser poco importantes.
Pero a él el nombramiento le valió para viajar oficialmente por todo el mundo
comprando antigüedades en nombre del museo y se esforzó por dar
importancia a sus colecciones.
Para ello no dudó en regalarle al Ashmolean las tablillas que encontró en
Cnosos; un incendio había “cocido” la arcilla y su conservación era perfecta.
Se casó con la hija de uno de sus profesores, Margaret, que murió
relativamente joven de tuberculosis. No tuvieron hijos y Arthur no volvió a
casarse, así que con cuarenta y dos años, se dedicó en cuerpo y alma a su
pasión, que era la arqueología.
La herencia de su mujer y más tarde la de su padre, le permitieron llevar una
vida libre de preocupaciones monetarias.
Minos Kalokeirinós había nacido en Herakleion, la capital de Creta en 1843
era por lo tanto ocho años mayor que Evans.
Su padre era un rico industrial y Minos se dedicó al estudio de los clásicos
como Heródoto, Estrabón, y Homero y eso le hizo aficionarse a la
arqueología. Empezó derecho en Atenas pero al año siguiente tuvo que
volver para hacerse cargo con su hermano Lisímaco del negocio familiar.
Al mismo tiempo fue nombrado vicecónsul de España e intérprete del
consulado inglés.
A seis kilómetros de Herakleion se encontraba la pequeña colina de Kephala
en la que el cónsul español y él sospecharon que se escondía una ciudad; la
extracción y venta de antigüedades era una profesión muy lucrativa, así que
cavaron varios pozos y confirmaron sus sospechas; allí había existido una
ciudad, que ellos pensaron que era griega.
Minos compró los terrenos, condición indispensable para comenzar a
excavar y empezó sus trabajos. Según la ley turca tenía derecho a un tercio
de los hallazgos. Era el año 1878.
Durante tres semanas las cuadrillas trabajaron incansablemente, sacando a la
luz ánforas, platos jarras y objetos de bronce.
Minos estaba feliz, pero aquella felicidad le iba a durar muy poco porque
cuando la noticia de su fabuloso descubrimiento llegó a oídos de Fotiades
Pachá, gobernador de Herakleion, él mismo se presentó en Kephala y mandó
parar las excavaciones; Creta pertenecía al Imperio Turco y temía con razón
que la mayor parte de aquellos hallazgos acabaran en Estambul.
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A pesar de excavar tan sólo durante tres semanas, descubrieron los
almacenes occidentales y una esquina de la sala del trono.
Minos trató de interesar a los arqueólogos de todo el mundo en su hallazgo,
quizás esperando que las naciones europeas presionaran para continuar sus
excavaciones y lo hizo donando parte de sus descubrimientos a museos de
Madrid, Roma, Paris y Londres, una gran parte de su colección, que estaba
destinada al museo arqueológico de Atenas, se quedó en su casa.
Desde luego que muchos se interesaron por aquellos descubrimientos; la
Escuela Francesa de Arqueología trató de continuar las excavaciones, pero
no tuvo éxito.
Schliemann era un rico comerciante prusiano apasionado por la arqueología
y que acababa de descubrir lo que él creía la Troya de Homero.
Había excavado, de una forma caótica y destructiva, pero totalmente
aceptable para su época, la colina de Hisarlik y encontrado un gran tesoro de
joyas de oro y plata que llamó Tesoro de Príamo.
Por toda Europa su nombre se hizo famoso; era un gran hombre y había
descubierto la ciudad de Troya y un gran tesoro; ése era el sueño de cualquier
arqueólogo. La fiebre de la arqueología se había desatado y todo el mundo
le consultaba.
Schliemann, que se había casado con una griega, residía en Atenas y hasta
allí llegó Evans, seis años después de que las autoridades pararan las
excavaciones de Minos Kalokeirinós.
Una carta de su padre le sirvió como recomendación para ser atendido por
Schliemann: le habló de los descubrimientos de Kephala y también él se
interesó. Fue a ver a Minos y admiró su colección; intentó comprar los
terrenos para excavar, pero el gobierno turco le puso tantos obstáculos que
renunció. Evans tampoco tuvo éxito; en realidad el gobierno sacaba más
dinero expoliando el yacimiento que vendiéndolo.
Pero cuatro años más tarde tuvo lugar la guerra greco- turca; parte de la
familia de Minos fue asesinada, su casa incendiada y las piezas arqueológicas
que Minos destinaba al museo de Atenas, se perdieron.
A pesar de haber ganado la guerra, las grandes potencias europeas obligaron
a los turcos a dar la independencia a Creta, que fue ocupada por una fuerza
internacional a cuyo frente estaba Inglaterra.
No fue extraño que Evans pudiera comprar entonces la cuarta parte de la
colina de Kephala por 6.000 dracmas.
Era rico; igual que Schliemann había descubierto Troya, él descubriría
Cnosos, no importaba lo que costara. Se hizo construir una casa junto a la
colina y se fue a vivir junto a sus queridas ruinas, estaba dispuesto a invertir
en Cnosos toda su fortuna
Al año siguiente, con una impresionante cuadrilla de 200 hombres,
comenzaron las excavaciones que duraron seis años.
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Descubrieron un gran patio central rodeado de tortuosos pasillos que
llevaban a habitaciones; eso le hizo pensar en la leyenda del minotauro y el
rey Minos; por eso lo llamó cultura minoica,
Pero no excavó él sólo, se llevó de ayudante a un verdadero arqueólogo; el
doctor Mackenzie, y como pensaba reconstruirlo, hizo venir a varios
arquitectos para que le ayudaran.
Los frescos también serían restaurados y para ello se trajo de Suiza a una
pareja de pintores. A veces la parte que se conservaba del fresco original era
minúscula y los pintores le echaron imaginación a su trabajo; algunos críticos
opinaron que más que una reconstrucción, aquello parecía la portada de la
revista Vogue. También le acusaron de haber usado unos colores demasiado
fuertes, pero en realidad, ése era el color que debieron tener en su tiempo.
Utilizó cemento para consolidar el edificio y la comunidad internacional se
llevó las manos a la cabeza, olvidando que años después, los italianos
hicieron lo mismo al restaurar las ruinas de Leptis Magna en Libia.
De todas formas, Evans no era hombre que tolerara las criticas ajenas. Uno
de ellos, Alan Wace, director de la Escuela Británica de Atenas, fue
destituido de su cargo por opinar que Creta fue un dominio micénico y no
pudo volver a ocupar su cargo hasta que Evans murió.
Además era irascible y profundamente ra***ta, a veces sus trabajadores se
quejaban de que les pegaba y zarandeaba.
Murió en Inglaterra a los noventa años y es conocido mundialmente como el
arqueólogo descubridor del palacio de Cnosos; una gran estatua le recuerda
en la colina de Kephala, a la entrada del palacio.
Recibió el nombramiento de Lord Minos de Creta y un cráter lunar lleva su
nombre.
A Minos Kalokeirinós no le recuerda nadie; sólo tiene una calle en
Herakleion, la ciudad que le vio nacer.
BIBLIOGRAFIA.
1. CARLOS REHERMAN. EL ARQUEÓLOGO EN SU LABERINTO.
2. PANORAMA GRIEGO. LA HISTORIA DESCONOCIDA DE MINOS
KALOKERINOS Y EL PALACIO DE CNOSOS.
3. NATIONAL GEOGRAPHIC. CRETA, EL DESCUBRIMIENTO DE
CNOSOS.
4. SER HISTORIA. EVANS Y KNOSOS: LA BUSQUEDA DEL
MINOTAURO.
5. BIOGRAFIA Y VIDAS. BIOGRAFIA DE ARTHUR JOHN EVANS.
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ANTONIO GAUDI: EL ARQUITECTO DE DIOS.POR NISSIM DE ALONSO.Este año se ha celebrado el centenario de la muerte de Gaudi y...
20/07/2026

ANTONIO GAUDI: EL ARQUITECTO DE DIOS.

POR NISSIM DE ALONSO.

Este año se ha celebrado el centenario de la muerte de Gaudi y en el cielo nocturno de Barcelona se ha proyectado su imagen junto a la de Sagrada Familia, su obra más famosa.
Esa imagen corresponde a un Gaudí de veintiséis años que acababa de terminar su carrera de arquitecto, elegante y bien vestido. Cualquiera hubiera pensado que pertenecía a una buena familia barcelonesa, pero nada más lejos de la realidad.
Era la primera fotografía que Gaudí se hacía en su vida porque las fotografías en aquel tiempo eran un lujo que solo unos cuantos podían pagarse, se hacían en un estudio fotográfico y desde luego, habia que llegar bien vestido.
La familia de Gaudí no era rica, ni mucho menos. Su padre era un sencillo calderero de Reus igual que su abuelo.
La vida en el siglo XIX era muy diferente a la de ahora. La mortalidad infantil era muy alta y la malnutrición y las enfermedades se cebaban en la gente humilde: Antonio sufrió desde niño brotes de reumatismo y su hermano Francisco padeció tuberculosis.
Los dos hermanos comenzaron a estudiar en los escolapios de Reus. Eran buenos alumnos y hubieran podido llegar a hacer una carrera si hubieran tenido dinero, pero la economía familiar no lo permitía: los dos acabarían en un taller como su padre: la vida era así.
Y entonces su padre tomó una decisión tan encomiable como extraña para la época: venderían todo cuanto tenían, la casa de Reus, la pequeña masía de Riudoms y la calderería y con el dinero conseguido pagarían la carrera a sus hijos.
Cuando Antonio tenía dieciséis años se trasladó a vivir con su hermano, luego vendría el resto de la familia a Barcelona. Su hermano Francisco estudiaba medicina, él quería ser arquitecto.
Todo marchaba bien, los chicos estudiaban y la familia salía adelante como podía, con mucho esfuerzo, desde luego, pero en pocos años sus dos hijos serían dos hombres de carrera y triunfarían en la vida: no habia padres más orgullosos de sus hijos que ellos.
Francisco tenia veinticinco años y habia acabado su carrera de medicina, solo quedaban unos pocos años para que Antonio fuera arquitecto y su sueño se hiciera realidad.
Su hermana mayor, Rosa, se habia casado con un musico y parecía que todo iba bien.
Y entonces toda la felicidad se vino abajo como un castillo de naipes.
Las lesiones pulmonares de la antigua tuberculosis de Francisco se reabrieron y una hemoptisis acabó con su vida; todo el esfuerzo no habia servido para nada.
La muerte de Francisco fue terrible para toda la familia, pero lo fue mucho más para su madre, lloraba día y noche y reprochaba a Dios aquella muerte injusta, no quería seguir viviendo.
Todo se habia perdido, su hijo querido habia mu**to y el patrimonio familiar se habia gastado inútilmente, muerte y deudas eran todo lo que tenían.
El sufrimiento fue minando su salud y dos meses después murió de un derrame cerebral.
Gaudí trató de encontrar en la religión un sosiego para su alma porque la pérdida de su hermano y su madre supusieron el mayor dolor de su vida.
Al final logró su título de arquitecto con un aprobado; se diseñó una preciosa tarjeta y buscó un despacho, el nuevo Eixample garantizaba trabajo para todos, la vida comenzaba a ser de color de rosa.
Pero los problemas no habian acabado, un año más tarde murió su hermana Rosa de una hemorragia gástrica.
Se habia casado con un músico alcohólico y sin mucha fortuna que desapareció sin preocuparse por el futuro de su hija Roseta. Gaudí tuvo que hacerse cargo de su padre y su sobrina, una niña poco agraciada y con una evidente discapacidad mental, pero eso no fue un problema para él que hacía suyas frases como “sé solidario, practica la bondad” o “impulsemos la humanidad hacia el amor”. Gaudí era un socialista teórico y un buen cristiano al mismo tiempo
Pero lo que le abrió las puertas de la buena sociedad no fue una casa sino algo mucho más modesto: una vitrina para guantes.
En aquel tiempo nadie medianamente elegante podía salir a la calle sin guantes y sombrero, igual que a nadie hoy se le ocurriría salir de casa sin zapatos.
Gaudí habia diseñado una elegante vitrina para la Guantería Esteban Comella, una de las más importantes de Barcelona que se habia expuesto en la Exposición Universal de Paris de 1878.
Era una estructura de madera tallada, forja de hierro y cristal que llamó la atención del rico industrial Eusebio Gúell que nunca habia visto nada parecido y cuando volvió a Barcelona preguntó en la guantería por su autor.
Gaudi habia diseñado las farolas de la Plaza Real y habia hecho algún que otro trabajo, pero la amistad de Gúell le permitió conocer de tú a tú a la buena sociedad catalana y además la generosidad de su mecenas le dio una importante independencia económica. Jamás Güell, a diferencia de otros industriales, discutió sus honorarios y le dio absoluta libertad para su creatividad.
Pero su vida social era más bien triste, ligada a un anciano padre y a su sobrina. A los treinta y tres años, cuando trabajaba para la Cooperativa Obrera Mataronense, conoció a Pepeta Moreu, una mataronense de buena familia, pero tan diferente a él como el día y la noche.
Pepeta era guapa, desenvuelta, de ideas muy progresistas y hablaba varios idiomas. Antonio se enamoró de ella como un cadete, pero ¡Ay! Antonio, aparte de su buen corazón, no tenia ninguna habilidad social y todo lo que se le ocurrió fue aparecer por Mataró con su sobrina cada domingo para escuchar embelesado a Pepeta tocando el piano durante meses. La hermana de Pepeta, que veía sus intenciones, le advirtió contra aquel pretendiente “¡cómo te vas a casar con ese hombre que lleva el bigote lleno de mocos!”
Y es que Gaudí era un genio, pero también un Adán.
Cuando se decidió a declararse, Pepeta lo rechazó. No hubo más amores mundanos y él no volvió por Mataró. Solo le quedaba para su consuelo su nacionalismo y su amor a Dios, ambos igual de sinceros y ardientes.
El conde Güell le encargó la colonia Güell para los obreros de su fábrica y poco después se le ocurrió la idea de hacer una urbanización privada al estilo inglés en las laderas del monte Carmelo.
Aquella situación privilegiada permitía ver toda la ciudad a sus pies hasta el mar y garantizaba un aire limpio y fresco, lejos de los humos de las fábricas.
Solo sesenta familias tendrían derecho a una de aquellas parcelas privilegiadas. Se construyeron los muros perimetrales, el mercado central, una plaza para las reuniones sociales y una maravillosa red hidráulica para aprovechar el agua de lluvia.
Pero tan solo se vendieron dos de aquellas parcelas, la urbanización fue un completo fracaso porque la gente prefería vivir en el centro de la ciudad. Gaudí compró la casa que se construyó de muestra y allí vivió con su padre y su sobrina hasta que se trasladó a vivir al taller de la sagrada Familia.
Sus obras eran ya conocidas y la buena sociedad, que deseaba vivir en el nuevo y elegante Paseo de Gracia, al final de la ciudad y empezaron a encargarle sus casas.
José Batlló, un industrial textil, le encargó la reforma de su casa en el paseo de Gracia. Hizo una casa extraña forrada de mosaico de vidrio y cuyo tejado semejaba una salamandra tomando el sol. No habia una casa igual a ella en toda Barcelona.
Los Batlló vivían en el entresuelo, la planta más noble, el resto de los pisos se alquilaban: era una nueva y fructífera moda.
En las golfas vivía la servidumbre y estaban los lavaderos.
Tanto gustó aquella casa que un amigo de los Batlló, Pere Milá Camps, también industrial textil, les encargó otra casa muy cerca de ellos.
Pero Gaudi era una caja de sorpresas y la nueva casa era totalmente distinta de la otra, la fachada estaba hecha de piedra que se tallaba allí mismo y estaba llena de curvas. No gustó mucho aquel mazacote, tampoco las historiadas rejas gustaron.
La gente empezó a llamarla despectivamente “la pedrera” (la cantera), “la ratonera” o la “empanada”.
A la mujer de Milá, que era quien realmente pagaba la obra, no le gustaba ni la casa, ni Gaudi, ni sus muebles. Los vecinos se quejaron de que aquella mole hacia bajar el valor de sus casas y el ayuntamiento le paró las obras por invadir la acera. Los Milá se negaron a pagar los honorarios de Gaudi, hubo un juicio, que los Milá perdieron, y Gaudi regaló el dinero que obtuvo a la beneficencia.
En revancha tardó dos años en firmar el certificado de finalización de obras por lo que le fue imposible a Pere Milá alquilar durante ese tiempo los pisos de su casa con una importante pérdida de dinero por su parte.
A partir de entonces se prometió no construir más edificios civiles mientras le fuera posible.
Jose María Bocatella era un editor y librero muy religioso que deseaba construir una pequeña iglesia neogótica en honor a San José.
Compró una parcela algo más grande que una manzana del ensanche a las afueras de la ciudad que en un principio estaba pensada para hacer un hipódromo, y contrató a los arquitectos Joan Martorell y Francisco de Paula que comenzaron las obras, pero al acabar la cripta y tras continuas disputas con Bocatella ambos rechazaron seguir con el proyecto.
Joan Martorell tenía en su taller un joven arquitecto de 31 años llamado Gaudí y a él le pasó el proyecto que no era ninguna maravilla: habia muy poco dinero a ganar y muchos problemas a solucionar.
El 3 de noviembre de 1883 Gaudí fue nombrado director de obras: lo fue durante más de cuarenta años y desde el principio decidió que no se haría una iglesia neogótica sino de estilo modernista catalán.
El templo debía ser construido con limosnas de los fieles sin ayuda del estado o la iglesia y el pueblo estaba para pocas fiestas económicas, por lo que las obras adelantaban muy poco. La generosidad de Guell le permitía trabajar gratis en el proyecto y dedicar su sueldo a pagar a los obreros, pero ni eso bastaba, Gaudí incluso pidió limosna para su templo, pero a pesar de sus esfuerzos la obra se paraba a menudo.
En 1885 Isabell Bollet, la viuda de un rico industrial, quiso darle dinero a Gaudí para que hiciera una capilla dedicada a santa Isabel dentro del templo, pero Gaudí se negó; el templo solo podía estar dedicado a la Sagrada Familia.
¿Se enfadó Isabel Bollet por su negativa? No lo parece, porque a su muerte tres años más tarde le legó parte de su fortuna, cerca de un millón de pesetas según algunos, para la continuación del templo. (Como curiosidad, su casa estaba en la plaza Cataluña, donde hoy está El Corte Inglés)
Gaudí decidió invertirlo todo en una sola fachada, la fachada del Nacimiento, consciente de que terminar el templo llevaría muchos años.
Antonio vivía ahora solo en su casa del Parque Güell porque su padre y su sobrina habian mu**to. Cada día bajaba andando hasta su taller de la Sagrada Familia, vivía muy austeramente y se entregaba a su trabajo y a la oración.
No rechazaba a los obreros de más edad sino que los contrataba para trabajos que requirieran poco esfuerzo, hizo una escuela para los hijos de los trabajadores que pagó con su dinero, visitaba a los enfermos, era amigo de todos sus obreros y asistió a alguna de sus bodas; esa era su forma de entender el mensaje de Jesús, su forma de vivir el cristianismo.
La situación social de Barcelona se iba agravando de día en día, los anarquistas y sus bombas se hicieron tristemente frecuentes y la pobreza y el descontento de la clase obrera era cada vez más evidente.
La Semana Trágica no comenzó por ideas religiosas sino por la oposición del pueblo a la leva de hombres para la guerra de Marruecos, pero cuando la situación se descontroló, lo que ardieron fueron las iglesias, se asaltaron conventos y se sacaron las momias de las monjas a la calle.
Gaudí se quedó en su casa del Parque Güell temiendo ver arder su obra en cualquier momento, pero no fue así, en parte porque estaba en las afueras y en parte porque los obreros la defendieron, ya que era el trabajo que les daba de comer y además porque todos consideraban a Gaudí como uno de ellos.
En una semana todo había acabado: fusilaron a Francisco Ferrer Guardia, que tenía tanta culpa como las iglesias destruidas de aquel desastre, pero que para la Dictadura representaba la izquierda.
La Dictadura también controlaba en Barcelona a los catalanistas.
El 14 de septiembre de 1972, día de celebración de La Diada, Gaudí se dirigía a rezar a San Felipe Neri, muy cerca de la catedral y las fuerzas del orden le pararon para interrogarle. Como se negó a responder en castellano fue detenido y llevado al calabozo. Para salir debía pagar una multa de 50 pesetas y, como era normal en él, no llevaba dinero. Llamó al párroco de San Felipe para se hiciera cargo de la multa, que ya no eran 50 sino 75 pesetas, porque en las cuatro horas pasadas en el calabozo conoció a un vendedor callejero también detenido que no tenía dinero para pagar la multa y no quiso dejarle solo: así era Gaudí, un hombre generoso con todos los necesitados.
Ya tenía 74 años, Güell habia mu**to y sus pocos amigos, tan viejos como él, vivían en el centro de Barcelona.
Gaudí tenía poco dinero, así que dejó su casa del Parque Güell y se fue a vivir a su taller junto a la Sagrada Familia, en una habitación pequeña con lo más indispensable: una cama, una mesa y una silla y un reclinatorio.
Seis meses más tarde, cuando se dirigía a San Felipe al cruzar la Gran Vía quiso esquivar un coche y se echó hacia atrás: no vio el tranvía que lo arrolló.
Quedó en el suelo ensangrentado con varias costillas rotas, politraumatismos y conmoción cerebral. Gaudí vestía pobremente y no llevaba documentación alguna, todo el mundo pensó que era un indigente y varios taxis se negaron a llevarlo a la casa de socorro por temor a que les manchara la tapicería del coche.
Y fue un guardia civil gallego, Ramon Pérez Vázquez, el que obligó a un taxista a parar y a trasladar al herido hasta la casa de socorro más próxima y él mismo le acompañó. Allí, pensando que era un indigente, lo mandaron al hospital de San Pablo, un hospital de beneficencia.
Cuando sus amigos le echaron de menos, ya era demasiado tarde: Gaudí murió tres días más tarde.
Entonces la ciudad, en tardía compensación, le hizo un entierro multitudinario.
Pero los barceloneses consideraban su modernismo extravagante, pasado de moda y de mal gusto, una vez mu**to lo mejor era olvidarlo. Y así lo hicieron.
Después llegó la guerra, su taller y todos sus planos fueron quemados, aquella fachada se consideró un mazacote y la obra no continuó.
Pero a Salvador Dalí siempre le habia gustado Gaudí y en 1933 publicó en la revista Minotauro un excelente articulo muy de su estilo: “De la belleza terrible y comestible de la arquitectura Modern´Style”. Despues comenzó a dar conferencias por todo el mundo alabando al arquitecto y a sus obras.
Gracias a él, el mundo entero descubrió nuevamente la genialidad de Antonio Gaudí y se hizo posible continuar el templo de la Sagrada Familia.


BIBLIOGRAFIA.

1.H.N.G. JOSEP GAVALDÁ. 100 AÑOS SIN GAUDÍ, EL ARQUITECTO QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE BARCELONA.
2. ROSARIO CORRERO. DALI, EL PRIMER FAN DEL MODERNISMO Y DE GAUDÍ.
3.ACIPRESA. GAUDÍ, EL ARQUITECTO DE DIOS.
4. FERRÁN GARCÉS. LA CATALANIDAD DE GAUDÍ.

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