02/06/2026
78. MARGARITA DE AUSTRIA O EL ENIGMA DEL COLLAR DE
PERLAS
Poco tiempo después de la muerte de Isabel La Católica, su marido, Fernando
El Católico, volvió a casarse.
En el contrato matrimonial se especificaba que el matrimonio no se hacía por
amor, sino por motivos de estado.
La nueva reina de Aragón era francesa y se llamaba Germana de Foix, tenía
dieciocho años y su único cometido era darle un hijo al rey, que ya estaba
entrado en años.
Fernando quería impedir así que el reino de Aragón cayera en manos de su muy
poco querido yerno, Felipe el Hermoso.
A los tres años de casada tuvo el ansiado hijo, pero murió al poco tiempo de
nacer y ya no volvió a quedarse embarazada: al rey le costaba cumplir con sus
deberes en la cama.
Por eso Fernando comenzó a tomar tintura de cantáridas, que se tenía por
afrodisíaco y que era en realidad un potente vasodilatador: lo que le produjo un
derrame cerebral y una hemiplejía que acabó con su vida en unos meses.
Muchos echaron la culpa a Germana, que estaba más deseosa que el mismo rey
en tener hijos, de darle una dosis excesiva de cantáridas, porque Germana, sin
hijos, lo perdía todo.
Su marido le había dejado una generosa renta de 50.000 florines, pero incluso
aquellas rentas dependían del beneplácito del futuro rey: Carlos de Gante.
Por eso, es fácil imaginar lo encantadora que debió ser Germana con Carlos
cuando se entrevistó con él en Valladolid: su bienestar económico dependía
totalmente de su decisión.
Carlos tenía diecisiete años, Germana veintiocho, y un gran encanto personal,
además ambos hablaban francés y eso encantó a Carlos, que no hablaba
español. Carlos se enamoró de ella y la hizo su amante. Al año, tuvieron una
hija a la que llamaron Isabel de Castilla.
Pero la nobleza y el clero estaban escandalizados: Germana era su abuelastra y
casi doce años mayor que él, de ninguna manera iban a consentir aquel
matrimonio ni que reconociera a su hija.
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Y si seguía en sus trece, ya podía despedirse de ser nombrado rey de España, le
recordaron que su hermano Fernando, criado en España por su abuelo, tenía
muchos partidarios.
Así que Carlos renunció a su amante, Isabel fue dada a un convento para que
las monjas la educaran y a Germana la casaron con Juan de Brandemburgo, del
sequito del rey.
Pero el nuevo marido murió pronto y según se dice, por abusar de los placeres
de la cama.
Germana, para desesperación de sus nobles, volvió a aparecer en la corte, y en
el casamiento de Francisco I, rey de Francia, iba colgada del brazo del rey. Así
que los nobles pidieron volver a casarla con Fernando de Aragón, duque de
Calabria y la enviaron a Valencia, lejos del rey.
Isabel se esfumó en el seno de la iglesia, que era la que recogía muchas veces
los hijos bastardos de los poderosos, pocos años después se dijo que Isabel
había mu**to y el olvido cubrió su recuerdo
Carlos I tuvo seis hijos dentro del matrimonio y cinco fuera de él, a saber:
Isabel, Margarita, Juana, Tadea, y el más famoso de todos: Juan de Austria.
A punto de morir en Yuste, reconoció a todos sus hijos, excepto a Isabel de
Castilla, que había sido su primera hija.
Sí reconoció que “estando en estas partes de Flandes, antes de que me casase y
desposase, hube una hija que se llama madama Margarita”
Aquella niña fue adoptada cuando tenía alrededor de cinco años por su tía-
abuela Margarita de Austria, gobernadora de los Países Bajos, que le dio su
nombre y la educó como a una persona noble, nunca tuvo que arrepentirse de
su decisión: Margarita era bella, encantadora y muy inteligente.
Margarita tuvo una juventud difícil: su padre la casó con Alejandro de Médicis,
un hijo natural que el papa había tenido con una sirvienta negra. Tenía entonces
trece años y tuvo que soportar el desprecio de su marido que vivía públicamente
con su amante Tadea Malaspina, pero once meses después Alejandro fue
asesinado y Margarita volvió a los Países Bajos, sólo para volver dos años más
tarde a Italia para casarse nuevamente con Octavio Farnesio, pero esta vez la
boda salió mejor.
Veinte años más tarde, su hermano Felipe II la hizo gobernadora de los Países
Bajos.
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Margarita era la madre de Alejandro Farnesio y hermana de Juan de Austria y
sus relaciones fueron siempre muy buenas.
De esos tiempos es el retrato que hizo de ella Antonio Moro, que a pesar de su
nombre españolizado, era holandés.
Moro estuvo un tiempo en España y era el pintor favorito de Felipe II, pero
cuando se enteró de que la Inquisición le estaba investigando por sus relaciones
con los protestantes (Moro había retratado a Guillermo de Orange) se marchó
a Holanda y no volvió a España a pesar de los ruegos del rey, siempre supo
darle alguna excusa.
En este retrato, Margarita luce un espléndido collar de perlas que le llega hasta
la cintura y que era propiedad de Germana de Foix.
Y aquí comienza el misterio.
Germana de Foix, Virreina de Valencia, murió a los cuarenta y ocho años en
Liria. En su testamento dice que deja a su hija Isabel:
“el hilo de perlas gruesas de nuestra persona, que es el mejor que tenemos y en
el cual hay ciento treinta y tres perlas”.
Si era verdad que Isabel había mu**to siendo una niña, ella tenía que saberlo, y
no le hubiera dejado aquel valioso collar a una persona mu**ta: sería un
sinsentido.
Si las perlas eran para Isabel ¿qué hacía Margarita con ellas?
Más bien parece que Germana sabía perfectamente que su hija vivía, convertida
ahora en Margarita de Austria y que el deseo de que su hija heredara sus perlas
se cumplió.
Es lógico pensar que el rey hubiera hecho desaparecer a su hija Isabel de
Castilla, donde nunca hubiera podido reconocerla, e inventado un idilio en
Flandes, de la que había nacido una hija, que reconoció sin problemas.
Así, la niña viajó desde España a los Países Bajos, fue educada por su tía abuela
y conocida como Margarita, mientras que Isabel moría en España para todos.
Pero en realidad, sólo podemos decir que Margarita fue retratada con aquel
esplendido collar por Antonio Moro. Nada más.
Para otros, Isabel de Castilla vivió hasta la edad adulta, aunque no se sabe la
fecha de su muerte, y se casó con Rodrigo Manrique de Acuña, hijo del
arzobispo de Sevilla.
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Bibliografía.
1- Pere María Orts. Las dos infantas ilegitimas que eran una.
2- Edmundo Fayanas Escuer. Germana de Foix: pasión sexual y poder
3- Antonio Moro. Biografía y vida.