04/09/2026
Hay empresas que dicen que quieren gente creativa.
Hasta que alguien tiene una idea que incomoda.
Entonces aparecen las reuniones.
Los permisos.
Los procedimientos.
El “esto aquí siempre se ha hecho así”.
El miedo a equivocarse.
Y poco a poco ocurre algo que casi nadie ve.
La gente sigue teniendo ideas.
Pero deja de compartirlas.
No porque haya dejado de ser creativa.
Porque ha aprendido que pensar diferente tiene un precio.
Y aquí está uno de los grandes problemas de muchas organizaciones:
Confundimos pedir creatividad y crear las condiciones para que pueda existir.
Decirle a un equipo “quiero que seáis creativos” es fácil.
Mucho más difícil es construir un entorno donde alguien pueda decir: “Creo que estamos equivocados.” Sin miedo.
Donde una mala idea pueda ser descartada sin que quien la propone quede señalado.
Donde una pregunta incómoda tenga más valor que una respuesta cómoda.
Donde una reunión sirva para pensar y no solamente para informar.
Porque el liderazgo creativo no consiste en llenar una empresa de ideas.
Consiste en hacer posible que las buenas ideas sobrevivan lo suficiente como para convertirse en algo. Y quizá por eso el problema de tu empresa no sea que le falte creatividad.
Quizá le falte espacio para utilizarla.
¿En tu empresa las ideas tienen espacio para crecer o solamente permiso para existir?