04/06/2026
No falta creatividad.
Sobran personas haciendo las mismas preguntas para obtener las mismas respuestas.
Un día dejamos de dibujar fuera de las líneas.
No porque alguien nos obligara.
Porque descubrimos que encajar tenía recompensa.
Nos felicitaron por ser razonables.
Por no arriesgar.
Por hacer lo que siempre había funcionado.
Y poco a poco confundimos la experiencia con la repetición.
La creatividad no desapareció.
Simplemente empezó a pedir permiso.
Permiso para proponer algo distinto.
Permiso para equivocarse.
Permiso para parecer raro.
Hasta que un día la costumbre ocupó todo el espacio.
Y entonces llegó la gran mentira:
"Ya no soy creativo."
Como si la creatividad fuera un talento que se pierde.
No.
La creatividad sigue ahí.
Es la voz que aparece cuando cuestionas una norma.
Cuando unes dos ideas que nunca se habían encontrado.
Cuando decides dejar de copiar el mapa y empiezas a explorar el territorio.
Porque la creatividad no es producir más ideas.
Es atreverse a pensar donde nadie mira.
Por eso el problema nunca fue la falta de creatividad.
El problema es que la costumbre siempre llega antes, habla más alto y parece más segura.
Pero la historia demuestra algo:
Todo lo que hoy admiramos fue, en algún momento, una mala idea para la mayoría.
La creatividad empieza exactamente donde termina la costumbre.
La creatividad no es un músculo que se pierde.
Es una rebeldía que se deja de practicar.
No falta creatividad.
Sobran costumbres que la mantienen encerrada.