Es doloroso irse, dejar tu hogar, tu entorno íntimo y renunciar al contacto con tus seres queridos. Es doloroso dejar el lugar en el que te sientes adaptado, cómodo y seguro. Sin embargo, para mí, es aún más doloroso sentirse triste, frustrado o estancado hasta el punto de no saber valorar las comodidades, el entorno y la gente que te rodea. Porque, a veces, nos sentimos cansados de la vida que ll
evamos, y albergamos la sensación de que, tal vez, seríamos más felices viviendo en otro lugar, teniendo otra vida y estando rodeados de otras personas. Por ello, asumo la melancolía, la tristeza y el dolor que pueda sentir al principio de un largo viaje. Porque necesito conocer otros lugares, otros países, otras culturas, otras formas de vida, otro tipo de gente y otras mentalidades. Y porque quiero empaparme de nuevas anécdotas, nuevas sensaciones, nuevos pensamientos y nuevas emociones. Y, cuando haya experimentado todo esto, seré capaz de saber cuál es el lugar, cuál es la gente y cuál es la vida que me gusta, que me llena y que está más acorde conmigo mismo. Será ésta la vida que habré elegido vivir, a diferencia de los que se conforman o aceptan vivir la vida que les ha tocado. Porque a muchos no les gusta la vida que tienen, ni lo que hacen, ni el lugar en el que viven. Y no es que no puedan cambiarlo, es que cambiarlo les resulta demasiado doloroso, o demasiado incierto, o demasiado cansado. Es por ello que, cuando tenga la vida que haya decidido tener, también habrá días en los que me sentiré triste, estancado, frustrado o con dudas. Sin embargo, en ese momento, sólo tendré que hacer una cosa: mirar hacia atrás y recordar el pasado. Entonces, sentiré con certeza que no existe otra vida mejor para mí; y ello me ayudará a valorar lo que tenga en ese momento, y a recuperar instantáneamente la alegría y las ganas de vivir. En caso contrario, será -tal vez- el momento de emprender un nuevo viaje y empezar una nueva aventura. Por suerte, si eso llega a ocurrir, estaré curtido en mil batallas, como la que estoy a punto de comenzar; y, por ello, sabré emprender cada nueva aventura con seguridad y determinación. Y estaré dispuesto a sentir nuevamente ese dolor, pero con la tranquilidad de que, al final del camino, siempre hay un nuevo oasis. Porque la alegría y la ilusión que siento al empezar este nuevo viaje compensa la aflicción que siento al decirles adiós.
¡Hasta pronto!”
Yola Escobar �