28/02/2024
Una de las prácticas más comunes entre jefes y empresarios de todos los niveles y tamaños es presionar y hacerle la vida de cuadritos a un empleado para que renuncie.
Es curioso que muchas veces no tiene nada que ver con la productividad del empleado en cuestión.
En algunos casos, se le quiere fuera de la empresa por cuestiones ajenas a lo profesional como envidias, coraje, celos, miedo a que ocupe el puesto superior, es decir cosas irracionales y personales.
En otros, por malas decisiones y mal ambiente laboral donde se realizan cambios al v***r afectando al personal y buscando que renuncie.
En cualquiera de los casos, utilizar esta mala práctica para forzar una renuncia conlleva egoísmo, falta de amabilidad, nula empatía y un desconocimiento absoluto, muchas veces por conveniencia, del liderazgo y la responsabilidad.
Se busca quitarle el empleo a alguien que posiblemente es el sustento en su casa o aporta para cubrir los gastos, pero eso poco importa ¿verdad?
Lo curioso es que, quien comete este atropello, nunca piensa en las consecuencias para los empleados que se quedan, la imagen es definitivamente negativa y queda en el aire la posibilidad de que reciban el mismo trato, por tanto el ejemplo es malo, muy malo.
Se hace, en la mayoría de las ocasiones, para no cumplir con los pagos debidos, establecidos en la ley al despedir a un empleado, lo cual también habla pésimamente mal de la empresa y la persona a cargo, volviendo al mismo punto, no solo afecta a quien se va, en lo anímico, económico y psicológico, sino también a quienes se quedan.
Como líder de un equipo debes asumir la responsabilidad de tus decisiones, nunca buscar presionar a alguien para que se vaya, mucho menos por cuestiones ajenas a su trabajo, pero si un empleado no está funcionando, debes ser un ejemplo y cumplir cabalmente con tus obligaciones, no solo como marca la ley sino como marca la ética.
Tu ejemplo perdura después de su salida, con la gente con la que se comunica y se queda grabado en la gente que se queda y con quienes ellos se comunican.
Tu trato debe ser impecable desde antes de contratar a cada persona y hasta mucho tiempo después de que se hayan ido.
Si es tu negocio, demuestras no tener idea de cómo se maneja uno.
Si haces esta mala práctica, debería darte vergüenza porque solo das pena.