21/07/2023
𝑳𝒂 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒉𝒆𝒄𝒉𝒂 𝒂 𝒎𝒂𝒏𝒐.
A menudo, cuando yo me separo mucho del mundo es porque estoy en un proceso de crecimiento interno. Llevo distintos paisajes dentro de mi cómo puertos de abrigo.
Los introvertidos somos así, creo.
El resultado generalmente trae un viento fresco a los procesos de mi creatividad.
Me gusta la vida hecha a mano, me nutre, me regala momentos de profunda belleza que jamás alcanzo a describir con palabras. Son los límites del lenguaje.
Toda mi vida creativa gira en torno a la lectura y al acto de escribir. Y me doy cuenta, que desde el trabajo que realizo con los niños hasta el atelier de Literaria es un mapa hecho de libros y escritura.
Son vasos comunicantes aún cuando yo misma muchas veces no me he dado cuenta.
Quizá por eso es necesario ausentarse del mundo de afuera de vez en cuando.
Escuchar nuestro silencio y sentir como todo lo que llevamos dentro, es vasto y suficiente para leernos a nosotros mismos y ser capaces de seguir la ruta de nuestras propias huellas.
Busco que los niños y los libros se encuentren amorosamente y que escriban, escriban mucho, en su lenguaje, con sus formas, que estalle la oralidad que da forma a lo subjetivo que cada uno lleva en sí.
Busco que las mujeres al abrir una caja Literaria sean llamadas a la escritura en su cuarto propio, que ya existe dentro, solo hay que invocarlo.
Construyo libros como lugares, rutas, símbolos, señales, dibujo paisajes, bordo alas con palabras para que cada niño de mi taller, cada mujer que recibe una caja Literaria acudan al llamado de la propia voz, del mundo que se escribe con el derecho de ser narrado bajo sus nombres.