28/08/2026
𝗘𝗰𝗹𝗶𝗽𝘀𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝘁𝗼𝘁𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗟𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗮𝗽𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗺𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗖𝗵𝗶𝗰𝗵𝗲́𝗻 𝗜𝘁𝘇𝗮́
En la noche de ayer jueves 27 de agosto de 2026, fue posible observar desde la península yucateca, así como en otras partes del territorio nacional el fenómeno astronómico conocido como eclipse lunar parcial, donde la Tierra proyectó su sombra sobre la Luna y la fue transformando poco a poco en un rojísimo disco suspendido en la bóveda celeste.
Alrededor de las 20:00 horas, se observó desde la Zona Arqueológica de Chichén Itzá el inicio del lento proceso mediante el cual la Luna fue quedando parcialmente inmersa debajo de la sombra terrestre. Siendo las 22:10 horas, la circunferencia de la Luna fue cubierta más o menos en un 95 %, reflejando un color en tono muy rojo (jach chak). El eclipse se pudo observar hasta las 00:15 horas del día de hoy 28 de agosto.
Los eclipses parciales de Luna, así como los totales, no son eventos raros en muchas culturas a nivel mundial, debido a que suceden con relativa frecuencia y son visibles a simple vista desde cualquier parte del planeta donde esté presente la misteriosa obscuridad, engalanada por un eterno brillo de las estrellas colgadas en una hermosa bóveda celestial despejada. Además, cada uno ofrece condiciones particulares de visibilidad y duración dependiendo del lugar desde donde sea observado y percibido.
Al mismo tiempo que irradia una belleza, magnificencia y mística sin igual, el eclipse como un fenómeno astronómico, es una demostración precisa de la geometría celeste: la alineación casi perfecta entre el Sol, la Tierra y la Luna, según los estudios científicos actuales.
Esa coreografía cósmica, repetida con regularidad predecible, es también una evidencia tangible de que el ser humano habita en un sistema dinámico y versátil, donde los movimientos orbitales producen fenómenos perceptibles sin necesidad de tecnología sofisticada, tal como lo muestra y demuestra el Códice de Dresde, como el más antiguo de los tres libros escritos con glifos mayas que han sobrevivido hasta nuestros días. Su afamado contenido apunta a Yucatán como su lugar de origen alrededor del siglo XIII o XIV (Satterthwaite & Ralph, 1960), donde existe el registro de 27 fechas, siendo la más antigua el año 623 d.C. y, la más reciente, el año 1210 d.C. (Marín y Lemus, 2019).
El Códice de Dresde está conformado por 74 páginas, las cuales contienen tablas y almanaques relacionados a planetas visibles como Venus, así como una tabla relacionada a eclipses de Sol y de Luna; este tipo de fenómeno astronómico es posible consultarlo en las páginas 51 a la 58 de tan antiguo escrito. Es un registro muy antiguo que ayudaba a predecir los eclipses a través de los conocimientos matemáticos y de la observación continua por siglos de los ciclos lunares, mismos que dejaron como resultado una sofisticada comprensión de la dinámica de los movimientos de los cuerpos celestes a través del tiempo y espacio.
Desde la perspectiva actual de las poblaciones de la etnia maya peninsular, un eclipse lunar (u chi’ibil uuj) o solar (u chi’ibil k’iin) es un fenómeno astronómico y, a la vez, un evento donde dos variedades de hormiga conocidas en lengua maya como xuulab (Atta cephalotes opaca Forel) y chakwayalkaab suben al firmamento, se acercan poco a poco a la Luna o al Sol, según sea el caso y, cubren a su víctima y empiezan a morderla (chi’ibal) o a comerla (janal); en algunas otras regiones, se concibe que en lugar de las hormigas, se trata de una enorme serpiente o dragón quien intenta dañar, tanto a la Luna o al Sol (Códice de Dresde).
Antiguamente se tenía la creencia que, para evitar una desgracia, la mayoría de los pobladores mayas gritaban y hacían ruidos o escándalos —accionar carabinas, reventar voladores, golpear ollas viejas, etc.— desde el inicio del eclipse, con la finalidad de espantar a las hormigas o a la serpiente, liberando de esa manera a la Luna o al Sol, una vez más de sus atacantes.
Según los abuelos y las abuelas, desde el pensamiento maya se concibe que después de un eclipse lunar se espera la pronta llegada de una lluvia, cuyo vital líquido servirá para lavar la herida que hubiera sufrido la Luna al ser mordisqueada por los seres ya mencionados. Asimismo, observar un eclipse de este tipo es algo bello y fascinante, pero a la vez, también se considera como una señal de mal agüero (tomojchi’). Además, todavía se tiene muy presente que las mujeres embarazadas no deben rascar ninguna parte de su cuerpo desde que inicia y finaliza el fenómeno astronómico, pero en caso de hacerlo, el nuevo ser al nacer llevará de por vida una mancha de color negro en su cuerpo, como un reflejo de que imitó (tu yéets’taj) el eclipse lunar.
Durante los eclipses de Luna se tenía la costumbre de despertar y levantar a toda la familia para hacer ruidos y escándalos. En caso de quedarse acostado en la hamaca sin hacer nada por salvar a la Luna, se creía que, al momento del eclipse total, los objetos se convertían en seres animados capaces de morder o comer al hombre. Por el ejemplo, la hamaca (k’áan) podía tener la capacidad de abrazar intempestivamente y devorar a la persona, por el simple hecho de estar en ese momento acostada en ella; en cambio, el banquillo (k’áanche’) también podía hacer lo mismo estando la persona sentada sobre él. 𝑩𝒆𝒚 𝒃𝒊𝒏 𝒖 𝒕𝒖𝒌𝒖𝒍𝒕𝒂’𝒂𝒍 𝒚𝒆́𝒆𝒕𝒆𝒍 𝒖 𝒚𝒂’𝒂𝒍𝒂’𝒂𝒍 𝒌𝒂’𝒂𝒄𝒉 𝒖́𝒖𝒄𝒉𝒊𝒍 (Así se pensaba y decía en tiempos pasados).
Una vez más, el eclipse lunar vista de nueva cuenta desde estas tierras mayas, hace recordar y revivir esas historias del pasado como una conexión viva con el presente, pero también como presagio de las cosas buenas y no tan buenas que depara el futuro para todo ser viviente en la faz de la tierra.
¡Existir para reivindicar nuestra identidad maya del siglo XXI!
Fotografía: José Antonio Keb Cetina.
Comentarios en lengua maya traducidos al español: José Antonio Keb Cetina y Gerónimo Ricardo Can Tec.