02/05/2026
El 01 de mayo de 2026 se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el decreto por el que se reforma diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, incluida la reforma del artículo 59 de la misma, la cual se prometió y se mantuvo en expectativa durante más de 3 años, esto es, la reducción de la jornada laboral, la famosa “reforma de las 40 horas”; reforma que sin duda alguna deja un precedente histórico para el derecho laboral en México, tanto para el sector obrero, como el sector patronal, reforma sustentada en mejorar la calidad de vida de los trabajadores en el sector emocional, psicológico, físico, familiar y laboral; reforma que se publicó en un día significativo para nuestro país; reforma que deja mucha incertidumbre al sector empresarial y que tiene muchas preguntas en el aire, la principal es: ¿beneficiará a todos los sectores del país?, o solo es una reforma para fines políticos y electorales?
Cabe recordar que cuando se reformó el procedimiento laboral al desaparecer las juntas de conciliación para pasarlo a los poderes judiciales de los estados, los famosos Tribunales Laborales, con la promesa de reducir los conflictos laborales, con la promesa de resolver más rápido los juicios laborales, con la promesa de una justicia “pronta y expedita”, reforma que después de más de 3 años nos mostró que los Centros de Conciliación a pesar de sus “números oficiales” resultan ser un mecanismo que no ha ayudado a reducir las demandas laborales, reforma que a pesar de prometer juicios rápidos, dio como resultado saturación de juicios y que en poco tiempo esos Tribunales Laborales se convertirán en Juntas de Conciliación, con un sin fin de expedientes atrasados y si le sumamos a eso la elección de jueces, donde en la práctica se ha visto que la mayoría no tienen el conocimiento ni la preparación necesaria para resolver un procedimiento laboral; si, está muy bonito el procedimiento, con formalidad y un sin fin de mecanismos que ya venían aplicándose en materias como la civil, mercantil, familiar, pero que ha dejado mucho que desear y nos regresa a la misma pregunta: ¿son reformas realmente necesarias para el bienestar del país o para el bienestar de un partido?