29/04/2020
Un modelo de gestión es un esquema o marco de referencia para la administración de una entidad pública o privada, ese marco de referencia contiene políticas y normas orientadas a alcanzar los objetivos esperados.
Entre 1948 y 1983, las entidades responsables de prestar los servicios públicos de agua potable en México operaron con un modelo de gestión centralista, donde la federación las operaba y administraba directamente. Este modelo no consideraba la comercialización de los servicios, pues, los subsidios federales cubrían el gasto corriente y las inversiones.
En 1983, se emprende un movimiento para promover el federalismo y se inicia la transferencia de esas entidades a los estados y municipios, modificando el modelo de gestión para incorporar en su organización los procesos relacionados con la comercialización de los servicios y ampliar los alcances del proceso de administración de los recursos humanos, materiales y financieros. A partir de esta transferencia, estas entidades tenían que generar sus propios recursos para financiar su gasto corriente y sus inversiones.
En 1999 se modifica la Constitución General para establecer que los municipios tendrán a su cargo esos servicios públicos eliminado de su texto la frase “con la concurrencia del Estado”, es decir, que la obligación constitucional de prestar los servicios de agua potable de manera suficiente, salubre, aceptable y asequible sería, a partir de entonces, una responsabilidad exclusiva de los municipios.
Esta modificación a la Constitución General no provocó cambios al modelo de gestión, pues en la práctica, la gran mayoría de esas entidades, siguen siendo administrados por los municipios con la concurrencia del estado, pues los primeros, no han podido, por si solos, cumplir con su obligación constitucional.
El actual modelo de gestión está supeditado a los cambios de los periodos constitucionales de la administración estatal o municipal, adoptando políticas que no contribuyen con el mejoramiento de la eficiencia y la productividad, la rendición de cuentas y la trasparencia en la información. Además, la planeación tiene una visión de corto plazo orientada a cumplir objetivos aislados y unilaterales. Es por eso, que la gran mayoría de esas entidades operan con déficit financieros crecientes que se traducen en una mala calidad de los servicios y una pésima imagen institucional.
La contingencia sanitaria y económica es una oportunidad para cambiar de modelo de gestión. Esa transformación no requiere recursos financieros importantes, solo necesita VOLUNTAD POLÍTICA. Pero la VOLUNTAD POLÍTICA debe ser exigida por la sociedad civil organizada, pues los intereses de esta última trascienden a los periodos constitucionales de las administraciones estales y municipales.