22/06/2026
Elaborado por Roberto Jesús Rodríguez Vera para la Red Mises América.
En La libertad, Mijaíl Bakunin desarrolla una defensa radical de la libertad humana y una crítica profunda de todas las formas de dominación política, económica y religiosa. La obra reúne reflexiones sobre el Estado, la revolución social, el movimiento obrero, la organización popular y el papel de las clases sociales en la transformación histórica.
Para Bakunin, la libertad no es una condición individual aislada, sino una realidad que sólo puede existir plenamente dentro de una sociedad basada en la igualdad y la cooperación. La verdadera libertad surge cuando las personas pueden desarrollar sus capacidades sin estar sometidas a autoridades políticas, económicas o religiosas. Por ello rechaza la idea de que el Estado sea el garante de la libertad; sostiene que toda institución estatal, independientemente de su forma, tiende a concentrar poder y a limitar la autonomía de los individuos.
Una de las tesis centrales del libro es la distinción entre sociedad y Estado. Mientras la sociedad surge de manera natural a través de la convivencia, la cooperación y el apoyo mutuo, el Estado representa una estructura artificial de autoridad que impone obediencia mediante leyes, burocracias y mecanismos de coerción. Según Bakunin, la historia demuestra que el poder estatal siempre termina creando privilegios y desigualdades.
El autor también cuestiona las teorías que justifican la autoridad política mediante contratos sociales o supuestos acuerdos originarios. Considera que la sociedad precede al Estado y que los seres humanos se desarrollan dentro de relaciones sociales que no necesitan ser dirigidas por una autoridad central para funcionar.
A lo largo de la obra, Bakunin analiza los debates internos del socialismo del siglo XIX. Reconoce la importancia de diversos pensadores socialistas, pero se identifica especialmente con las corrientes federalistas y libertarias que defienden la organización desde abajo. En contraste, critica los proyectos que buscan utilizar el Estado como instrumento de transformación social, pues considera que toda concentración de poder genera nuevas formas de dominación.
La experiencia de la Comuna de París ocupa un lugar destacado en sus reflexiones. Bakunin la interpreta como un ejemplo histórico de autogobierno popular y de organización social basada en la iniciativa directa de los trabajadores. Ve en ella una demostración de que las masas pueden administrar sus propios asuntos sin necesidad de una autoridad centralizada.
Otro tema fundamental es la emancipación de los trabajadores. Bakunin sostiene que ninguna élite política, intelectual o económica puede liberar al pueblo. La liberación debe ser obra de los propios trabajadores mediante la organización, la solidaridad y la acción colectiva. La libertad no puede ser otorgada desde arriba; debe ser conquistada por quienes padecen la explotación y la opresión.
La organización ocupa un papel esencial en su pensamiento. Aunque confía en la capacidad creadora de las masas, rechaza la idea de que la espontaneidad por sí sola sea suficiente para transformar la sociedad. Considera necesarias las asociaciones obreras, las federaciones de trabajadores y las redes de cooperación capaces de coordinar esfuerzos y fortalecer la lucha social. Sin embargo, insiste en que estas organizaciones deben evitar reproducir estructuras jerárquicas y autoritarias.
Bakunin dedica una atención especial a la relación entre obreros y campesinos. Argumenta que ninguna revolución social puede triunfar si se limita a los centros urbanos. Los campesinos forman parte esencial del pueblo y comparten intereses fundamentales con los trabajadores industriales. Por ello defiende una alianza amplia entre todos los sectores populares frente a las clases dominantes.
El libro también contiene una crítica extensa a la burguesía. Bakunin reconoce que esta clase desempeñó un papel revolucionario durante la lucha contra el feudalismo, pero sostiene que, una vez consolidado su poder, se convirtió en una fuerza conservadora interesada en preservar sus privilegios económicos y políticos. Aunque algunos individuos burgueses pueden adherirse sinceramente a las ideas socialistas, considera que la burguesía como clase posee intereses incompatibles con una verdadera igualdad social.
La Asociación Internacional de Trabajadores aparece como un instrumento fundamental para la organización de los trabajadores a escala mundial. Bakunin valora su capacidad para promover la solidaridad internacional y coordinar las luchas obreras más allá de las fronteras nacionales. Al mismo tiempo, advierte sobre los riesgos que enfrentan todas las organizaciones: burocratización, ambición personal, concentración de poder y aparición de nuevas élites.
Una preocupación constante del autor es el problema de la autoridad. Incluso dentro de los movimientos revolucionarios observa el peligro de que ciertos dirigentes intenten sustituir la iniciativa popular por estructuras de mando. Por ello insiste en la necesidad de la crítica permanente, la vigilancia colectiva, la rotación de responsabilidades y la participación activa de todos los miembros.
En sus análisis de la situación internacional, Bakunin subraya que la pobreza por sí sola no produce revoluciones. Para que una transformación social sea posible, las masas deben desarrollar conciencia de sus derechos, confianza en su propia fuerza y capacidad de organización. La miseria puede generar resignación tanto como rebeldía; sólo la combinación de experiencia, solidaridad y conciencia política puede convertir el descontento en una fuerza revolucionaria.
La obra concluye defendiendo una revolución internacional basada en la cooperación entre pueblos y trabajadores de distintos países. Frente a Estados cada vez más organizados y poderosos, Bakunin propone una red internacional de asociaciones libres capaces de coordinar esfuerzos sin crear nuevas estructuras de dominación.
Idea central del libro
La libertad humana sólo puede realizarse plenamente en una sociedad sin dominación política, económica ni religiosa. La emancipación debe surgir de la acción organizada de los propios trabajadores y sectores populares, mediante asociaciones libres, solidaridad, federalismo y autogobierno. Toda concentración de poder tiende a generar nuevas formas de opresión; por ello la revolución social debe construir la libertad desde abajo y no desde el Estado.