06/06/2026
“Uyyy, acabas de cumplir 30, ya te van a empezar a doler las rodillas, ahora sí vas a engordar y te van a salir todos los achaques por la edad”, me dijeron varios amigos cuando alcancé el tercer piso.
Por un momento, vi a la distancia esa imagen: gordo, sin cabello, con problemas por todos lados, estresado, frustrado y posiblemente hasta divorciado.
Nunca podía estar más de 6 meses entrenando, y siempre le daba vueltas a las mismas 2 o 3 excusas chafas (no tengo tiempo, me voy a poner a entrenar en mi casa y ya que tenga condición me voy al gym, lo que pago de mensualidad mejor lo uso para comprar mi equipo y entrenar en la sala de mi casa con esos videos de YT), no salía de lo mismo.
Hasta que justo después de cumplir 30, dije: ¡f**k it!, vamos a darle y resuelvo sobre el camino.
Las primeras semanas fueron horribles: dolor en todos lados, me sentía cansado por tener que despertar a las 4:30 de la mañana con un frío de la chingada, y un largo etcétera.
Pasaron las semanas y los meses, comencé a notar cambios muy interesantes y se convirtió en un —feedback loop— muy perro y adictivo. Se logró en un abrir y cerrar de ojos: el primer año, después el segundo y ya en camino del tercero. ¡SPTM!, contra todo pronóstico, se está logrando.
Hoy, después de entrenar, le pedí que me tomara la foto de la izquierda a la patrona, solo por la anécdota. Cuando la vi, llegó a mi mente esa imagen de Daniel recién cumpliendo 30 años (fotos de la derecha), quien por haberse tomado en serio 1 cosa y no darse permiso de soltarla, hoy tiene un físico que en su perra vida pensó lograr tener.
Ahora, estoy trabajando en trasladar todo lo que he aprendido en este camino (disciplina emocional, dureza mental, terquedad, necedad, determinación, cero autocomplacencia y varias cosas más), a otras áreas de mi vida.
Me siento muy orgulloso de estar aquí, y quiero que sepas que si yo pude, con muchas cosas en contra, tú también puedes. Basta con morderse uno, la mitad del otro y decir: ¡f**k it!, que truene lo que tenga que tronar.