03/08/2026
La calle que lleva al hospital tendría que ser la más cómoda de todas. Es de las más difíciles.
Av. Belisario Domínguez, aquí llega gente al centro médico caminando, en silla de ruedas, con carriola, con su familia. Y la calle les recibe así: banqueta angosta, tráfico atorado, motos entre carros, cableado aéreo tirado y ni un árbol para quien espera afuera de urgencias.
Así se interviene:
— Dos carriles centrales exclusivos para BRT (bus articulado blanco, estación solar) que para justo enfrente del hospital.
— Banquetas de 6 m sin escalones, con pavimento podotáctil y rampa en cada esquina para silla de ruedas y carriola.
— Camellón de bioretención con jacaranda, primavera y colorín. Sombra donde no había, y agua de lluvia que se filtra en vez de correr.
— Ciclovía de 2 m confinada, con color propio, del Parque Agua Azul al Centro Médico.
— Cruces peatonales elevados con isla de refugio en el centro. Se cruza a pie, tranquilo.
— Mural talavera sobre la barda del hospital, bancas a la sombra y cableado bajo tierra. La espera deja de ser castigo.
Una ciudad se mide por cómo trata a quien menos puede moverse. Si una persona en silla de ruedas llega sola a su consulta, la calle funciona. Un carril de auto mueve 1,500 personas por hora; un carril de BRT, hasta 18,000. Doce veces más gente al hospital, sin depender del coche.
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