17/05/2026
Si la probabilidad de existir es de 1 entre 400 trillones, entonces nuestra existencia es prácticamente un evento irrepetible.
Y aun así… existes.
Entonces la queja, el propósito, la misión de vida y hasta el “yo no pedí nacer”, se vuelven irrelevantes.
Exacto. Nadie en esta conciencia te preguntó.
Y aun así, seguimos preguntándonos quiénes somos.
Pienso que la vida no es un milagro.
Es un regalo que, de alguna manera, tú mismo te aseguraste de vivir.
Eres la experiencia de un todo intentando comprenderse a sí mismo.
Somos Dios expandiéndose en conciencia a través de nosotros.
La existencia está viviendo la experiencia humana en su más hermosa comprensión.
Y aun así dudamos.
Porque en nuestras venas viven paradigmas, memoria, miedo… pero también la chispa de lo sagrado.
De un todo.
De algo colosal de lo que nuestra mente humana en su divinidad nos protege.
La humanidad se queda minúscula frente a la comprensión de lo que realmente somos.
Mi realidad se vuelve relativa frente a lo inconmensurable.
Tiempo.
Verdad.
Realidad.
¿Y si nada de eso existe realmente?
A veces dudo de mi realidad.
Porque nada me da la certeza.
Sin duda, en esta realidad seré sensata para responder y vivir como humana.
Pero si hay algo en lo que puedo sentir y creer, es que existe magia en esta creación.
Existe magia en la fragilidad con la que llegamos.
Y en cómo terminamos convirtiéndonos en alquimistas de nuestra propia alma.
Pienso que los maestros sólo nos piden recordar.
Y la ironía es…
que si realmente recordáramos quiénes somos, quizá dejaría de existir el porqué de esta experiencia.
Porque si ya somos un todo…
entonces tal vez la existencia no se trata de convertirnos en algo,
sino de olvidar lo suficiente para poder volver a encontrarnos.
Entonces me pregunto…
¿Soy un sueño?
¿Un milagro?
¿O soy Dios viviendo esta experiencia humana para recordarse a sí mismo?
NS