09/07/2025
Te escuché cuando dijiste que ya no podías más.
Cuando tus palabras se quedaron atoradas en la garganta
y sólo salieron en forma de cansancio, enojo, desesperación.
Te vi intentando sostenerlo todo… hijos, cuentas, sueños, heridas, procesos…
y sintiendo que nadie te sostenía a ti.
Te vi ahogarte en tu propia exigencia.
Creyendo que porque no tienes todo resuelto aún,
no estás avanzando.
Pensando que si no lo logras hoy,
entonces estás fallando.
Convenciéndote de que te falta algo: tiempo, dinero, ayuda, energía, amor.
Y justo ahí, en medio de ese abismo,
te dejo este susurro:
“No te falta nada. Usa lo que te di.”
Te di tu sensibilidad esa que a veces parece una carga,
pero en realidad es tu mapa hacia la verdad.
Te di tu intuición aunque a veces la ahogue el ruido,
ella siempre sabe por dónde.
Te di tu voz esa que tiembla, pero que también bendice, guía, sana.
Te di la oscuridad para que descubrieras tu luz.
Y el caos, para que te atrevieras a elegir tu orden.
Te di las pausas. Y las caídas. Y los vacíos.
Porque ahí es donde se afina la fe,
donde el alma recuerda.
No estás tarde, estás justo en la curva del camino
donde se decide si sigues huyendo o empiezas a regresar a ti.
Estás en la parte en que la semilla ya no aguanta más estar bajo tierra
y necesita romperse para germinar.
Eso que sientes como asfixia…
es tu alma abriéndose paso.
No estás retrocediendo, estás soltando capas.
No estás estancada, estás cocinando tu verdad por dentro.
No te falta nada, solo ver con otros ojos lo que ya llevas contigo:
Las lágrimas que has derramado son agua bendita.
Tus heridas son puertas.
Tu cansancio es un aviso sagrado: no corras, habítate.
Este mundo te empuja a producir, a cumplir, a brillar rápido.
Pero tu alma no vino a correr carreras.
Vino a recordar que ya eres.
Que la plenitud no está después de todo, sino en medio de todo esto.
Aquí, donde no sabes cómo, pero igual sigues.
Así que usa lo que te di.
No busques más afuera lo que ya reposa en tu interior.
Respira hondo.
Vuelve a ti.
A tu mirada clara.
A tus dones silenciosos.
A tu fuego dulce.
Y cuando no puedas más, no te obligues a más.
Suelta. Llora. Tiembla.
Y recuerda:
ahí también estoy yo,
en lo roto, en lo frágil, en lo que parece no tener forma.
Acariciándote desde adentro con esta verdad:
No te falta nada.
Sólo estás recordando quién eres.
Con todo mi amor,
Alejandra Nambo.
(Esta soy yo, regresando del silencio… respondiendo al susurro del Universo.)