07/09/2025
NO MÁS BRUT@S, CIEG@S, SORD@S Y MUD@S
Crónica por la fundadora de Kiltik Consultoría
7 de septiembre de 2025
Te digo Juan, para que oigas Pedro (¿o era Pablo?)
Ulises mi Maestro y amigo, mostró ayer un Kitsugi y una bella analogía con nuestras ciudades.
Al leerlo solo pude atinar a existir: Exactamente.
Eso yo tuve la oportunidad de aprenderlo hace varios años y siempre me ha parecido bellísimo y profundo. Para mí, en esta ciudad el Kintsugi somos las personas que la habitamos, sobre todo después del 23 de abril, los que sanamos catártica mente el haber de alguna manera estado cerca de ese evento. Por ello pasar por las calles de este SITIO, que es paradójicamente el más antiguo y uno de los más nuevos en la Fé colectiva de GDL, me marcó una gran cicatriz en mi cuenco de barro, aún cuando yo estaba en el tercero de mis 7 años girando en el torno de mis Alfareros.
Aunque terrible, este evento puso a prueba la capacidad de reacción de l@s mexic@nos, trajo a relucir la solidaridad y la Cristiandad, o simple y sencillamente el Cáritas… así fue por algunos meses hasta que después nos olvidamos… pero los que ahí habitan o habitaron, nunca hemos logrado olvidar lo que es ver el rostro de su vecino, de su hermana, de sus abuelos, con las mismas expresiones que Cristo y todos quienes le vieron realizar el Vía Crucis debieron haber tenido en algún momento. Yo tenía casi 4 años y a esa edad ya sabía leer no solo textos y mensajes, sino también las líneas de expresión humana que son las que siempre dicen la verdad. La última calle que explotó desde sus adentros estaba a 4 cuadras de humilde pero hermosa casa, donde crecí toda mi vida de soltera.
Eran las 10 am pero era un día sin clases, aunque definitivamente fue un día de Escuela de la VIDA. Mi hermana siempre fue la “morning person”, yo era la dormingo, dorminsábado y dormin-vacaciones. Aunque nos llevamos 7 años, a ella sí le gustaba convivir conmigo de vez en cuando, y cuando le ganaba el aburrimiento, cuando de plano no podía despertar a horas que ya era prudente estar despierta, me “vibraba” la ventana y el mosquitero. Era su forma gentil y figurada de echarme un cubetazo de agua en la cabeza 🤣. Entonces yo muy feliz con Morfeo escuché una vibración en las ventanas pero no era el mismo sonido que mi hermana hacía, que era más bien trepidatorio en ambos sentidos…. Era una frecuencia casi divina, que me trajo del sueño profundo al más superficial, era un estruendo tal como lo describe Fausto Salcedo, el periodista, que me despertó sin alarmarme… incluso recuerdo haberme girado en la cama renegando de que mi hermana me hubiera sacado de ese probablemente 7mo sueño, seguro estaba volando, o algo así muy interesante 🤣 y me giré para intentar dar la espalda a la ventana: a la luz, al ruido y a lo que creía que era mi hermana. Pero después de unos segundos volvió a cimbrarse la Tierra. Y ahora lo que escuché con urgencia de vigilar fueron los pasos seguros pero preocupados de mis padres corriendo por la casa a encontrarse para resolver juntos, como siempre lo hacían, el mundo, pero por sobre todas las cosas, la traducción del Mundo para nosotras. Sus hijas.
Busqué un artículo y parece que Fausto, a quien no tengo el gusto de conocer, narra una crónica que es muy cercana exactamente a lo que yo viví con mucha conciencia y claridad a pesar de mis 3 años, la reacción totalmente en calma, prevención y logística de mis papás, junto al apoyo de Arturo, el colaborador más leal de mi papá, que estaba cerca y ayudando a mi papá en lo que le pidiera, cuando decidieron que evacuáramos a Etzatlán, mi cuna materna, nos hicieron llevar a cabo una evacuación digna de película, como si estuviéramos huyendo del 28 de diciembre y de Herodes.
Arturo, que hoy descansa en Paz, fue a vigilar que el patrimonio de mi familia estuviera seguro, y corrió numerosas calles con sus piernas largas y veloces, para trepar casi como el Hombre Araña y cerrar las llaves del gas de mi entonces casa, al ver que el transporte estaba completamente en caos y colapso.
En realidad mi papá solo nos puso a salvo de ver los horrores de la tibieza. Hasta los líderes más Ungidos de pronto pierden proporción de su identidad y olvidan quién los puso ahí: la voluntad colectiva… pero no todos son capaces de hacer, predecir y prevenir, mucho menos en solitario. El mayor poder que un o una gobernante dignos tiene, es escuchar con devoción. Por ello decía Platón que quien merece gobernar, nunca quiere hacerlo. Me da gusto que esa noción haya cambiado en los últimos años y que México se haya profesionalizado en sus instituciones públicas gracias a verdaderas vocaciones de servicio.
Aún así, hace falta recordar SIEMPRE y en cualquier institución, sea esta la molécula más importante de la Creación que es la Familia (que nunca se ha formado de pocos átomos y con nodos concisos… sino de estructuras orgánicas que podían llegar a tener tantos “átomos” como amor hubiere en ellas), que el rol más importante de un Gobernante es Servir. Jamás ser “soberano” ni soberbio. Soberano es el Pueblo. La humildad debe ser el rasgo más importante de quienes merecen tomar decisiones en beneficio de la mayoría, siempre de la mano de la participación de las minorías que ante todo son personas, dignas, igual que cualesquier otras, de vivir en una ciudad hermosa, llena de naturaleza, llena de luz y penumbra, cauces y ríos limpios y llenos de vida, así como lo hemos soñado millones de arquitect@s con y sin título, alarifes y geni@s soñadores cuya memoria merece ser rescatada para hacer de esta ciudad lo que el amor colectivo de las y los tapatíos y quienes por elección han sido adoptados con este gentilicio, y para mí Dios es el único que puede inspirar esta perfecta Creación urbana.
Ese día pude conocer lo que un Padre y Madre amorosos, ocupados y preocupados pueden abandonar, aunque sea lo único que posean, para poner a salvo la vida de su descendencia.
Mi hermana de 11 años y yo en el asiento de atrás, mi papá dio la instrucción de que mi hermana me recostara en su regazo, bajo el pretexto de que me habían “levantado” de repente para tomar estas súbitas vacaciones con los abuelitos. Mi mamá confirmó que no me dejara levantarme, porque se me iba a espantar el sueño.
Y así obedecimos las dos, pero estos ojos y estos oídos que siempre han sabido de forma inconsciente, leer los gestos y las intenciones en la voz y la cara de las personas, sabían que debían encontrar más información para averiguar qué estaba pasando.
Mi único recuerdo “terrible” fue ver una persona que solo recuerdo vagamente porque mi red neurológica muy sabiamente lo ha sabido atenuar, mas nunca olvidar, con un rostro desencajado, y un poco de sangre en una mano, que no lograba articular palabra porque estaba en estado de shock, solo atinó a posar sus manos sobre la ventana que yo tenía en frente, y su cara clamaba ayuda. Yo solo grabé en mi memoria, que es de la que parte la ciencia infusa, lo que sentí.
Mi papá que sabía que solo iba a llevarnos a ponernos a salvo, porque su lugar estaba aquí, vio en los primeros minutos, la cicatriz más dolorosa de Guadalajara, abierta en una de las calles que él había ayudado a construir, de forma indirecta quizá, con su profesión, su vocación, y sus pasos firmes y magnánimos, resolvió sabiamente: primero pongo a salvo a mi Familia para poder tener La Paz y el temple necesarios para venir a salvar vidas.
Rogelio es muy humilde para contarlo, pero sabiamente ha decidido contárnoslo a nosotras, darlo todo por la otredad. Tu patrimonio no es nada si alrededor tuyo no queda nada que salvar, vida que vivir y compartir. Y el puso todos sus recursos: humanos, materiales e intelectuales para ayudar en la tragedia, pidió a la calma y que esperaran más tiempo para meter máquinas, podía aún haber vida ahí debajo, latiendo en un corazón mexicano que sabe hibernar. Nadie con poder de decisión le escuchó. Tampoco le escucharon cuando dijo que no metieran las retro excavadoras, que los cuerpos se iban a profanar, que las familias necesitaban tener a alguien a quien llevar a su misa dentro de un cajón de madera fina, tal y como él había tenido que hacerlo con mi abuelo, a quien nunca conocí, ya que murió un par de años antes de que yo naciera. Era más importante enterrar el tamaño del error. El número oficial de vidas perdidas por la humanidad, imperfecta siempre, de las personas. Con impotencia, y sabiendo que hay un Orden y una Jerarquía. Mi Padre se limitó a servir como pudo. Sus cuadrillas eran las más lentas pero las que más lograron sacar sobrevivientes o en todo caso, cuerpos sagrados para sus familias y para esta ciudad.
Hoy la mayoría de quienes no corrieron con la misma suerte, descansan bajo lo que es un parque. Un parque que un gran amigo, Rigoberto, ayudó a crear, junto con muchas otras cabecitas brillantes del ITESO y otros lugares de servicio. Las cenizas han sido alimento para dar nueva vida a esta ciudad. Bendigo su sacrificio. Su lugar en este ciclo de la Vida.
Cuando no había una cultura de prevención de Riesgo, Rogelio, que no gusta de ostentar ningún título en este hogar, fue la mano derecha de Dau Flores para “remediar” el grave error de la sordera. Mejor dicho, la mano izquierda… la que no se ve, pero a veces, es la que mejor obra.
Gracias Ulises por traer siempre de forma concisa estas poderosas reflexiones. Me extiendo mucho en ellas porque son muy cercanas a mi sentir y a mi identidad como hija de ingeniero civil, vecina de la zona, todos los días que fui a mis escuelas pasé por Gante, he habitado por horas o días en varios de los más increíbles edificios de esas zonas, mis abuelos vivieron en esos barrios y mi papá corrió en esas plazas, siempre fue la promesa de la Ciudad Contemporánea con Memoria. Y así sigue siendo. En mi corazón.
Mejor hagamos un ACRÓSTICO o una ANTOLOGÍA.
NAAR