30/05/2026
En el club de lectura para padres de adolescentes estábamos leyendo "Los dones de la imperfección" de Brené Brown. 📚
Y una mamá hizo una pregunta que me dejó pensando varios días. 🤔💭
La pregunta fue:
"¿Cómo ayudar a nuestros hijos (y a nosotros mismos) a no caer en una perspectiva de perfeccionismo, pero sí crear hábitos que nos ayuden a crecer y mejorar cada día?" 🌱
La pregunta surgió porque ella fue educada en esa búsqueda de la perfección. ✨ En un ambiente donde parecía que "nunca era suficiente". 😔 Y ahora, como madre, no quiere repetir eso con sus hijos. ❤️
Pero tampoco quiere caer en la complacencia. ⚖️
Y ahí está el dilema que muchos enfrentamos: 🧩
¿Cómo exigimos sin asfixiar? 💪 ¿Cómo motivamos sin presionar? 🎯 ¿Cómo impulsamos el crecimiento sin generar la sensación de "nunca es suficiente"? 🌊
En el libro, Brené Brown dice algo que nos pegó fuerte a todos: 💥
"Si queremos vivir una vida de todo corazón, tenemos que librarnos de la productividad como medida de la valía personal." 📖✨
Nuestro valor como personas no está supeditado a qué tan productivos somos. 🚫📊
Valemos por SER personas. 💛 Por ser nosotros mismos. 🌟
No por cuánto logramos. ❌ No por cuánto producimos. ❌ No por qué tan perfectos somos. ❌
Esa pregunta me sigue resonando. 🔔
Porque también me la hago como consultor: 🤝
¿Cómo acompaño a equipos a mejorar sin hacerlos sentir que nunca son suficientes? 🏢 ¿Cómo reto a los líderes sin generar una cultura de perfeccionismo tóxico? ⚠️
Y la respuesta que encontré (todavía la sigo construyendo) es esta: 🛠️
No se trata de ser perfectos. Se trata de ser mejores que ayer. 📈
No de cumplir estándares imposibles. ❌ Sino de crecer con compasión hacia nosotros mismos. 🌿💙
¿Tú también fuiste educado en la búsqueda de la perfección? 🤔 ¿Cómo estás rompiendo ese patrón? 💬