18/12/2018
En estas fiestas una bebida famosa es el champagne. Pero, ¿sabes por qué se llama así?, ¿qué significa su nombre?, ¿que su famosa espumosa fue un error?, ¿que tiene su origen con la Iglesia?, ¿que una mujer viuda emprendedora fue clave?. Te contamos la historia de éxito producido por un error, que convirtió a este vino en el más famoso del mundo. El champán, champaña o champagne, se toma para celebrar la Navidad, año nuevo, bodas o eventos especiales. Nos ha acompañado en el vocabulario toda la vida, incluso viéndolo en premiaciones de deportes como el automovilismo, sin embargo, desconocemos su origen. Su nombre proviene de un país que ha regalado excelentes vinos en la historia, es decir, Francia en la región de Champagne. El nombre está protegido por una "denominación de origen" y nadie puede utilizarlo, sin embargo, se usa popularmente para referirse a vinos espumosos, como suele suceder con ciertos productos estrella del mercado. Se caracteriza por sus famosas burbujas que hacen salir la espuma al dispararse el tapón, siendo el "alma de la fiesta" ese momento en cualquier festejo. Sin embargo, curiosamente fue causa de preocupación antiguamente para sus productores. Y aquí entra la Iglesia, pero primero diremos como la historia cuenta que ella ha formado parte importante del desarrollo del vino, ya que además de tener beneficios a la salud su consumo medido, también la Biblia hace referencia a él, como las bodas de Caná o la Última Cena. Por ello, los monjes y los monasterios dieron una gran herencia vinícola y desarrollaron su producción, empezando a trabajar duramente las tierras, pues los datos cuentan sobre su fuerte trabajo (viñedos y procesos de siembra). Dicho esto, un monje benedictino en 1668 llegó a la abadía de Hautvilliers en Francia y se dedicó a la custodia del sótano donde se guardaba el vino e incluso duplicaron su producción. Cuentan que sin querer inventó la fabricación del champagne (vino espumante fermentado/los vinos espumosos), siendo llamado "método champenoise". Y como toda leyenda, lo romántico no podía faltar, pues dicen que que cuando lo probó exclamó: ¡Venid pronto, estoy bebiendo las estrellas!, por las burbujas producidas por la fermentación del vino. El nombre de este monje era Dom Pierre Pérignon, por ello, los conocedores de vinos sabrán que una de las mejores marcas se llama Dom Pérignon, precisamente en su honor. Sin embargo, algunos historiadores señalan que él no fue el descubridor del método, y que él también quería erradicar ese "defecto", esforzándose para desaparecer las burbujas pero no pudo, hasta que llegó el estudio de la fermentación de Louis Pasteur en el siglo XIX. Por ello, sacó provecho del "problema", utilizando el corcho sujeto con una grapa metálica así como botellas más gruesas que evitaban estallidos y que los tapones saltaran (se dice que gracias a él se usan así las botellas). Pero aunque él no haya sido su descubridor, la mayoría de los historiadores también dicen que fue quien comenzó la historia de este vino con el mundo al hacerlo famoso, pues incluso llegó a ser bebida de Reyes que lo pedían. Pero las mujeres nunca pueden faltar en las historias de éxito, ya que llegaría Nicole-Barbe Clicquot-Ponsardin, quien perdió a su marido tras 7 años de matrimonio en 1805 y tuvo que hacerse cargo del pequeño negocio con apenas 27 años, en una época donde las mujeres no tenían peso ni voz. Ella perfeccionó el vino y su trabajo fue tan bueno que logró un imperio, siendo llamada "La Grande Dame de Champagne", por ello, otra marca famosa se llama así en su honor. Estos datos nos dicen como un error puede ser una oportunidad sabiendolo aprovechar. Que algunas veces no podemos cambiar lo externo sino que el éxito vendrá en sabernos adaptar con creatividad e imaginación a las circunstancias, pues sino sólo verás pasar las oportunidades. Una historia que indica que no siempre el éxito es la perfección sino saber ver lo perfecto de la imperfección. Historia que inspira. ¡Salud! 🍾.