27/07/2026
Reseña histórica personal:
Un camino de ida, pausa y regreso en el Karate-Do.
Hoy deseo compartir una parte muy significativa de mi vida, una historia que comenzó en la adolescencia y que, con el paso de los años, ha demostrado que el verdadero espíritu del Karate-Do nunca desaparece, aun cuando las circunstancias nos obliguen a alejarnos temporalmente del camino.
Corría el año de 1994. Yo tenía 25 años de edad cuando presenté mi examen para Cinturón Negro Primer Dan (Shodan), siendo ese también el último examen que realicé durante una larga etapa de mi vida. Poco a poco, debido a compromisos personales, familiares y profesionales, me vi en la necesidad de alejarme tanto de la práctica como de la enseñanza del Karate-Do, disciplina que había elegido como el arte marcial con el que deseaba identificarme para siempre.
Antes de tomar esa decisión, tuve la oportunidad de conocer y practicar diversos estilos y sistemas de combate, entre ellos Kung Fu, Kenpo, Muay Thai, Jeet Kune Do, Full Contact y Ninjutsu, participando además en clases, seminarios, clínicas, campeonatos, concentraciones y distintas formas de aprendizaje marcial. Sin embargo, fue el Karate-Do Shotokan el que dejó una huella definitiva en mi vida.
Mis inicios se remontan a los 15 años de edad, cuando comencé a entrenar en una escuela ubicada en el entonces callejón Pino Suárez, en la colonia Centro de Hermosillo. Ahí, bajo la guía de mi querido Sensei Narciso Domínguez, hoy ya fallecido, recibí las bases técnicas, morales y espirituales que despertaron en mí el amor por esta noble disciplina. Con el tiempo, la vida me llevó por distintos caminos, pero el Karate nunca dejó de acompañarme interiormente.
Años después logré afiliarme a la Shotokan Karate-Do International Federation México (S.K.I.F. México), organización en la que tuve el honor de recibir la oportunidad, por parte del Hanshi Hiroshi Ishikawa, máximo exponente de la S.K.I.F. en México y América Latina, de presentar mi examen para Cinturón Negro Primer Dan.
Desafortunadamente, las responsabilidades de la vida me obligaron a abandonar temporalmente una disciplina que ya había transformado profundamente mi carácter. El Karate me había enseñado disciplina, seguridad personal, confianza, determinación y, sobre todo, esperanza: la esperanza de que algún día volvería a entrenar.
Ese día llegó.
Hace aproximadamente cuatro años, tuve la dicha de regresar a la organización que tanto me había enseñado. Volver al dojo no fue simplemente retomar una actividad física; fue reencontrarme conmigo mismo, con mis principios y con una parte esencial de mi historia.
Y hoy, después de 32 años de aquel examen de Shodan, la vida me concedió una oportunidad que recibo con humildad y gratitud. El pasado 23 de julio de 2026, precisamente el día de mi cumpleaños, presenté mi examen para Cinturón Negro Segundo Dan (Nidan) ante el Hanshi Hiroshi Ishikawa, Director Técnico de la S.K.I.F. para América Latina y el Caribe, asistido por el Sensei Alexander Vargas, Director Técnico de la S.K.I.F. en Costa Rica.
Este momento representa mucho más que un nuevo grado. Representa la confirmación de que los sueños pueden permanecer en silencio durante años, pero nunca mueren cuando están sostenidos por la pasión, la perseverancia y la fe.
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento:
A Dios, por ser quien me ha concedido salud, fortaleza y la oportunidad de vivir esta nueva etapa.
A mi esposa Fabiola, y a mis hijos Evelyn, Gerardo Abel y Ángel Octavio, por su apoyo incondicional, su comprensión y por caminar a mi lado en estos nuevos tiempos.
A mi padre, Samuel Obeso, cuyo carácter fuerte y exigente fue, en gran medida, el impulso que me llevó a entrenar esta disciplina y a no rendirme ante las dificultades.
Y a mi suegra, Argelia Cañez,
quien ha estado pendiente de cada momento y cada paso de este renacer dentro del Karate-Do.
Hoy entiendo que el Karate no es únicamente un arte marcial. Es una escuela de vida. Y aunque en ocasiones uno se aleje del tatami, los principios aprendidos permanecen en el corazón.
Osu.