11/12/2024
https://www.facebook.com/share/p/186d1kAk1J/
Hace muchos años, en un pequeño pueblo en las montañas de Veracruz, mis papás nos llevaban al corte de cafe. Cada año, cuando llegaba la temporada de corte, todo el pueblo se preparaba para la gran recolección. Los cafetales eran la vida de la comunidad, y el café de Veracruz, famoso por su sabor y aroma, se cultivaba con esmero y dedicación.
Se cultivaba una variedad de café arábica, borbon, caturra, todas con un sabor tan intenso que aquellos que lo probaban no podían olvidarlo.
Cada año, en la temporada de corte, toda nuestra familia se preparaba para lo que era un esfuerzo arduo pero lleno de tradición. El proceso comenzaba invitando a los familiares que sabían cómo identificar el grano maduro, ese que ya había alcanzado el punto perfecto de dulzura y amargor. La cosecha debía hacerse a mano, pues solo así se podía evitar que los granos verdes o demasiado maduros se mezclaran con los que estaban listos para ser procesados.
El corte del café no era solo un trabajo, era una fiesta. Se preparaban enchiladas, enfrijoladas, tamales, café, pan y otras delicias que se compartían entre todos, nos las pasabamos todo el dia en el campo.
Nosotros como niños jugábamos entre los cafetales, mientras los adultos se encargaban de la recolección. A veces ayudabamos al corte de café, pero cuando nos cansabamos, íbamos a jugar al arroyo, en los columpios que improvisabamos en los árboles.
Al final del día se pesaba lo que cada persona había cortado y conforme a eso se le pagaba. Además de que los adultos tenian que cargar el café y sacarlo a la orilla de la carretera donde se cargaban los caballos para llevar al café al beneficio.