24/07/2026
HOY HICE UN POST FEO. HORRIBLE.
Sí, lo hice con pegotes y retazos de muchos, muchísimos flyers e infografías que encontré en redes sociales y grupos de WhatsApp.
Seguramente tú también los ves todos los días:
Consultores, psicólogos, veterinarios, mecánicos, restaurantes, agencias de viajes, médicos, asesores de seguros y un larguísimo etcétera.
Todos tienen dos cosas en común:
Quieren vender.
Usan inteligencia artificial.
Podrías decir:
“Elisa, estás ardida”.
No. Esa etapa ya pasó. Porque sí, la tuve.
Hoy, más bien, estoy triste.
Triste porque todas esas marcas están cacareando sin sentido, sin estrategia y, muchas veces, sin respetar sus propios colores, valores, logotipo o identidad. Cuando tienen identidad, claro.
—¿Entonces odias la inteligencia artificial?
No. De hecho la amo.
Bien utilizada, con criterio y estrategia, permite crear cosas maravillosas: sitios web, infografías, folletos, presentaciones, conceptos y borradores en una fracción del tiempo.
Es un ahorro brutal.
Pero, como dicen los memes: ¿A QUÉ COSTO?
Por todas partes repiten que el prompt lo es todo. Que el contexto lo es todo. Entonces dime, ¿Cuántas personas le escriben a ChatGPT algo como esto?
“Diseña una imagen para mi curso. Cuesta $100, será en tal lugar, a tal hora, incluye estas características y agrega mi sitio web”.
Y ChatGPT, Gemini, Grok o Claudio obedecen. No juzgan. No cuestionan. No protegen tu marca. No adivinan tu estrategia. Y tampoco aplican criterios de diseño sólidos si no se los das, no sabes pedirlos o no sabes utilizar las herramientas adecuadas.
La inteligencia artificial entrega. El filtro sigue siendo humano. Y es justo ahí donde estamos valiendo para dos píxeles.
En esta horrible imagen encontré:
Las mismas tipografías.
Las mismas tres rayitas.
Corazoncitos, incluso en diseños “corporativos”.
Brochazos.
Puntitos decorando el fondo.
La inevitable línea bonita debajo de una palabra en letra script.
Listas con iconos.
La misma distribución por bloques.
Información amontonada y sin jerarquía.
Diseños sin logotipo y cuando sí aparece el logotipo, todo lo demás parece pertenecer a otra marca.
—Ay, Elisa, no seas m4mi… blue.
Más bien, no seas tú otro usuario sin criterio usando inteligencia artificial porque alguien te dijo que “ya no necesitas diseñador”.
Aprender a dar instrucciones, construir contexto y educar a tu herramienta depende de ti.
Sácale todo el jugo, ahorra tiempo, reduce costos, haz pruebas.
Enséñale tus colores, tu estilo visual, tu voz de marca, tus reglas de escritura, tu público objetivo, tus valores, lo que NO DEBE DECIR. En sí, tu manera de comunicar.
Porque la inteligencia artificial puede ayudarte a producir más.
Lo que no puede hacer por ti es decidir si lo que produces tiene sentido.
Y si no haces ese trabajo, no estás construyendo una marca.
Eres otro negocio por ahí, posteando.