09/12/2025
Día Internacional contra la Corrupción
La problemática mundial de la corrupción es de toda la vida. A lo largo de la historia se ha escrito acerca de la corrupción: su origen y consecuencias. Siempre ha existido: ayer y hoy.
Se trata de un fenómeno que atraviesa fronteras, sectores y niveles de gobierno e impacta directamente el desarrollo, la confianza institucional y la estabilidad económica. Erosiona la legitimidad de las autoridades y de las instituciones.
La corrupción permite que organizaciones criminales penetren instituciones clave de un gobierno, eviten controles, blinden sus operaciones y accedan a información sensible.
Cuando la impunidad prevalece, la ley se aplica de forma desigual. Esto envía el mensaje de que el poder o el dinero pueden estar por encima de las normas, restando eficacia a los sistemas de justicia y a las autoridades fiscalizadoras.
La corrupción dificulta acuerdos entre países, afecta proyectos multilaterales, y exige mayores esfuerzos globales de supervisión y transparencia, cuyo incumplimiento trae, como consecuencia lógica, problemas sociales e ingobernabilidad.
No se trata de destacar que estamos calificados en el lugar 140 de 180 países evaluados por su nivel de corrupción; de que estamos en el último lugar de las 38 economías que integran la OECD, ni de que se trata hoy en día, de la peor calificación registrada desde que empezó a aparecer en ese índice.
Tampoco se trata de que como siempre ha existido la corrupción, habremos de aprender a convivir con ella, de ninguna manera; ya que si bien es cierto que el reto es global, también lo es que la responsabilidad es de todos, por eso podría aplicarse el dicho popular que recobra actualidad, de que el valiente vive hasta que el cobarde quiere.
En un entorno internacional cada vez más exigente, la transparencia y el cumplimiento normativo son herramientas indispensables para proteger a las organizaciones y al sistema financiero.
Las mediciones internacionales señalan que los países con altos niveles de corrupción suelen exhibir menores tasas de crecimiento y mayores niveles de desigualdad.
La corrupción no solo erosiona la confianza en las instituciones: abre la puerta al lavado de dinero, fortalece redes delictivas y debilita el Estado de derecho.
“En cierta medida la corrupción es un asunto cultural y lo peor que le puede pasar a una sociedad es acostumbrarse a ella”. Fernando Savater