20/02/2026
Hace casi dos años yo veía la Inteligencia Artificial como algo lejano, casi futurista. De esas cosas que suenan interesantes en conferencias internacionales, pero que no necesariamente forman parte de tu día a día.
Hasta que una tarde, un amigo se acercó y me dijo con emoción: “¿Sabías que hay una aplicación con la que puedes conversar y te responde todo lo que le preguntas?”. Se refería a ChatGPT. Me compartió el enlace para usarlo. Lo abrí, lo revisé… y lo cerré. No me animé a crear una cuenta. Dudé. Desconfié. Pensé que quizá era otra tendencia pasajera.
Sin embargo, con el paso de los meses empecé a notar algo distinto. La conversación sobre Inteligencia Artificial ya no era exclusiva de ingenieros o desarrolladores. Comenzó a aparecer en espacios empresariales, en universidades, en análisis económicos globales. Incluso en el Foro Económico Mundial ya se hablaba de su impacto en la productividad, el empleo y la competitividad. Ahí entendí que no estaba frente a una moda, sino ante un cambio estructural.
Regresé, esta vez con curiosidad genuina. Y descubrí algo clave: la IA no se trata solo de hacer preguntas. Se trata de aprender a pensar cómo pedir. De entender cómo estructurar una instrucción clara, cómo contextualizar, cómo afinar lo que solicitas para obtener mejores resultados y evitar errores. En ese proceso decidí formarme, certificarme y experimentar. Probé distintos usos, cometí errores, ajusté estrategias y fui comprendiendo que la verdadera ventaja no está en tener acceso a la herramienta, sino en saber utilizarla con criterio.
Hoy puedo decir que la IA ha simplificado tareas que antes me tomaban horas. No solo en proyectos profesionales complejos, sino en situaciones cotidianas. Me ha ayudado a interpretar mensajes de error en mi computadora cuando no sabía por dónde empezar. A crear recetas con ingredientes que parecían imposibles de combinar. A redactar mensajes importantes cuando necesitaba claridad. Incluso a entender el cuidado adecuado de una planta recién comprada. La Inteligencia Artificial dejó de ser un concepto abstracto y se convirtió en una aliada práctica.
Esa transformación es la razón por la que decidí crear el curso de Introducción a la IA. No es un curso técnico ni saturado de conceptos innecesarios. Es una formación diseñada para que comprendas cómo funciona, cómo interactuar correctamente con estas herramientas y cómo aplicarlas en tu vida real y en tu trabajo. Compartiré lo que he aprendido a través de certificaciones académicas, pero sobre todo la experiencia práctica de usar la IA de manera responsable y estratégica.
La Inteligencia Artificial no reemplaza el criterio humano. Lo potencia. Y en un entorno donde cada vez más decisiones, procesos y oportunidades estarán influenciadas por esta tecnología, aprender a utilizarla ya no es opcional, es una ventaja competitiva.
Iniciamos el 28 de febrero y quedan pocos lugares disponibles. Si alguna vez has sentido curiosidad por entender cómo funciona realmente la IA y cómo puede ayudarte en tu día a día, este es el momento de dar el paso y convertir esa curiosidad en una habilidad concreta.