18/01/2026
2016 fue el año que me rompió.
Empezó con una separación, de esas que duelen de verdad y te dejan en pequeños pedacitos que luego no sabes cómo recoger. Me quedé sin piso, sin certezas, sin rumbo. Vacía, sola y profundamente triste, frente a una versión de mí que ya no sabía quién era.
En lugar de buscarme un es**rt brasileño (humorcito local), decidí pedir ayuda. Fui con una psicóloga que amé y me acerqué a Dios. Hoy puedo decirlo sin duda: fueron de las mejores decisiones de mi vida.
No quería “estar bien”. Quería entenderme. Entender lo que estaba pasando y aprender a escucharme de verdad.
Y ahí empezó otra etapa. Empecé a elegirme. Tomé decisiones grandes, incómodas, pero necesarias. Estudié más, dormí más, me di permiso de disfrutar más, de vivir más, de salir más, de reencontrarme. Experimenté cosas que no eran para nadie más que para mí. Barcelona guardó historias que jamás se borrarán de mi corazón. Dejé de cumplir expectativas y empecé a construir desde adentro.
Y casi sin darme cuenta, esos millones de pedazos con los que había iniciado el año se fueron pegando… de formas imperfectas, pero suficientes para moldear a alguien nuevo. Al final del año ya era distinta. Más consciente. Más completa. Más yo.
Y entonces apareciste tú.
No para salvarme, ni para completarme, sino para caminar conmigo. Otra alma imperfecta que decidió quedarse, justo cuando yo ya sabía quién era.
Hoy sigo creyendo en construir desde la imperfección, en elegirnos todos los días y en enamorarnos no de la idea, sino de la realidad. Te amo
Hoy no borraría 2016, porque sin esa versión que se rompió, se cuestionó y se eligió, esta mujer no existiría.