10/04/2025
Criar Líderes, no víctimas.
La cría cayó por tercera vez.
Tenía las patas débiles, los ojos llorosos y la trompa cubierta de polvo.
Su madre, la elefanta más fuerte de la manada, la observaba desde unos metros. Sin moverse. Sin ayudarla.
Un macho joven se acercó, nervioso.
—¿No vas a levantarla?
Ella negó con la cabeza.
—¿Por qué? Está sufriendo.
—Justamente por eso —dijo la madre—. Porque tiene que aprender a pararse sola.
El macho frunció el ceño.
—Eso es cruel.
—No. Cruel es enseñarle que siempre habrá alguien para rescatarla. Que alguien vendrá a resolverle la vida. Que no necesita esfuerzo, ni caída, ni hambre, ni búsqueda.
—Pero está llorando…
—Sí. Y cuando deje de llorar, empezará a empujar. A probar. A levantarse. Y ese día… ese día empezará a conocerse de verdad.
La cría se tambaleó. Gritó. Pero esta vez no se quedó en el suelo. Se puso de pie.
Torpe. Lenta. Pero de pie.
La madre sonrió.
—No estoy criando una víctima. Estoy formando una elefanta que va a liderar.