24/09/2026
Volver a la oficina tras una licencia de maternidad debería significar retomar el desarrollo profesional donde se quedó. Sin embargo, para muchas personas ocurre un fenómeno sutil y devastador: de la noche a la mañana, sus asignaciones se transforman en "proyectos tranquilos" de bajo impacto.
Esta práctica, conocida como discriminación benevolente, suele disfrazarse de consideración y cuidado. Quienes lideran los equipos asumen, sin consultar, que la persona recién incorporada prefiere evitar la presión, no viajar o asumir menos responsabilidades. Aunque la decisión se tome con aparentes buenas intenciones, el resultado es una exclusión silenciosa que congela la trayectoria laboral.
Al retirar a una profesional de iniciativas estratégicas, se le resta la visibilidad indispensable para acceder a ascensos, reconocimientos e incrementos salariales. Nadie firma una sanción formal, pero la carrera se detiene. El ejercicio de la maternidad termina pagándose con un estancamiento involuntario.
Para erradicar este sesgo, es indispensable auditar la asignación de proyectos antes y después de las licencias parentales. Esto requiere comparar el tamaño, presupuesto e impacto de las tareas que la trabajadora gestionaba antes de irse frente a las que recibe al regresar, garantizando que los cambios no respondan a prejuicios sobre su disponibilidad.
Proteger a las personas en el entorno laboral no significa decidir por ellas ni limitar sus metas. Un espacio verdaderamente incluyente es aquel que pregunta, escucha y evalúa con base en capacidades y métricas objetivas, asegurando que cuidar de la familia no cueste el crecimiento profesional.