01/05/2026
Hace algunos años, publicando sobre la celebración de la infancia decía "1, 2, 3 por aquellos que se han escondido tan bien de adultos, que no fueron (fuimos) encontrados y el grupo ya hasta se puso a jugar a otra cosa" porque el chiste de "las escondidas" sí, es esconderse, pero también encontrarse.
Hoy te escribo a ti que aprendiste a esconderte, a distanciarte, a trabajar los malos momentos a solas porque cuando pequeñ@ no solía llegar ayuda (al menos no la esperada) y tuviste que salir adelante muchas veces "apretando" con fuerzas de quién sabe dónde. Hoy -en caso de que leas por aquí- quiero compartirte que en el mundo de los adultos nos cansan muchas cosas, nos sofocan, nos pesan y a veces no nos damos cuenta de que otros nos necesitan, o creemos que el pequeño universo de la infancia no puede ser más complejo que el adulto... cuando a veces sí lo es; aquellos adultos que quizá pudieron haber estado más o de la forma en que necesitabas, también estaban haciendo cosas que no sabías que necesitabas (y sí, también se distrajeron seguramente).
¡Qué bueno que supiste inventar -como niñ@- un túnel por el cual escapar, esconderte, refugiarte o volverte fuerte! ¡Eres un@ gran niñ@! Al crecer, a veces se sigue siendo así... rehuyes, corres, te escondes... y a veces es momento de saltar y declarar: ¡1, 2, 3 por mí! Porque hacerlo bien o mal es igualmente divertido, el objetivo es jugar y -si me lees- es que sigues jugando.
Siempre hay algún grupo con el cual jugar, ya sea el de toda la vida, el de alguna etapa o alguno con el que no te volverás a ver más... juega igual, diviértete, encuéntrate, sé tú y te volverás aliado de quienes coincidan, aunque luego tomen caminos distintos. Seguramente "jugar" las partes más difíciles de la vida sí requerirá momentos en solitario y/o sólidos compañeros de juego, estoy seguro que existen y los tenemos; ellos están atravesando también sus propias "serpientes y escaleras", pero están cerca.
Sigue jugando...