29/05/2026
Hay dos tipos de juntas. Unas te roban la tarde (y el alma). Otras mueven tu
empresa.
La primera es la que más duele.
No porque sea conflictiva. Sino porque es vacía.
Y tú sales de ahí sabiendo que nunca volverás a tener esa hora de tu vida.
La llamaré la junta que revisa.
Empieza puntual. Todos con café. Alguien comparte pantalla.
Y empieza el desfile de lo que ya sabías.
“El proyecto Alpha sigue en verde.”
“El Beta tiene un retraso menor, pero lo controlamos.”
“Gamma está en amarillo desde hace tres sema
nas. Seguimos en eso.”
Nadie dice lo que todos piensan:
“Tres semanas en amarillo es rojo, ¿en serio?”
Pero no. Todos asienten. Algunos miran el móvil.
Se toman acuerdos. Ahora con minutas generadas por IA, muy bonitas.
Que luego nadie ve.
Y se despiden como siempre:
“Revisamos la semana que viene.”
“Lo hablamos con el área comercial.”
“Te mando un correo.”
Todos salen con energía.
Pero esa energía es mentira. Es el subidón de haber sobrevivido una hora más (o
dos, o tres...).
Y entonces pasa lo que siempre pasa:
Los acuerdos no se cumplen.
Los compromisos no se ejecutan.
Los bloqueadores no se destrabaron.
Las decisiones siguen donde estaban.
Solo que ahora hay un acta de 6 páginas que nadie va a leer.
¿Te suena?
Claro que te suena. Porque has estado en cientos de juntas así.
Y lo peor no es el tiempo perdido.
Lo peor es la hipocresía de fingir que sirvieron para algo.
La otra junta es la que casi nadie tiene.
La llamaré la junta que destraba.
No empieza con diapositivas.
Empieza con una pregunta que incomoda:
“¿Qué es lo que nos está paralizando hoy?”
Allí no se lee el verde. El verde camina solo.
Lo que interesa es lo marrón, lo atorado, lo que ya va tarde.
Y no se permite el “lo estamos viendo”.
Esa frase es veneno. Significa: no hemos hecho nada.
Aquí se exige:
“Esto lo resuelvo hoy con María y mañana antes de las 11 está desbloqueado.”
Cada impedimento tiene un dueño con nombre y apellido.
Y una hora exacta en el reloj.
No un “pronto”. No un “esta semana”.
Una hora. Porque si no tiene hora, no tiene dueño de verdad.
Cuando termina esa junta, no hay aplausos. No hay energía falsa.
Hay incomodidad, sí. Hay presión.
Pero también hay claridad. Y un sistema que va a perseguir cada compromiso hasta
que se cumpla—sin que el CEO tenga que perseguir a nadie
¿Por qué la mayoría de las empresas eligen la primera junta una y otra vez?
Porque la junta que revisa es segura.
No expone al que no hizo su tarea.
No obliga al director comercial a decir “no le di prioridad”.
No deja en evidencia al que lleva tres semanas con un bloqueador y no lo escaló.
Es una reunión de cortesía. Una ficción organizada.
Un teatro donde todos aplauden al final y nadie cambia nada
Hay dos tipos de juntas.
Unas te roban la tarde (y el alma).
Otras mueven tu empresa.
La primera:
Revisa.
Todos asienten.
Acuerdos bonitos.
Nadie cumple.
Sales con un acta de 6 páginas que nadie leerá.
La segunda:
Destraba.
Empieza con:
“¿Qué nos
paraliza?”
No se permite el
“lo estamos viendo”.
Se exige:
“Hoy antes de las 11 lo resuelvo.”
Dueños con nombre y hora exacta.
Una junta es segura.
La otra es incómoda.
Una es teatro.
La otra es motor.
¿Cuál estás teniendo?
Si esto te hizo apretar la mandíbula...
25 minutos. Sin costo.
Para revisar si puedes pasar de revisión a desbloqueo real.
Link en mi bio y primer comentario.
Pregunta:
¿Cuántas horas has perdido en juntas donde todos sabían que no servía para nada
y nadie dijo nada?
Ahora piensa cuántas más regalarás.
—Andreína Siller | PMG